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lunes, 25 de agosto de 2025

¡El Peor Día de Mario! Bowser Gana (¡Y Se Casa con la Princesa... Mario?!) 🤯👰💥

 




La Victoria de la Tortuga (y la Bizarra Proposición)

Bowser, por fin, había ganado. Peach y Luigi estaban encerrados en lo más profundo de su castillo, custodiados por Magikoopas de élite y trampas de fuego. Pero en lugar de exigir un rescate o un trono, Bowser hizo un anuncio tan bizarro como dramático: "No solo quiero el Reino Champiñón... te quiero a ti, Mario."

Antes de que Mario pudiera lanzar un puñetazo, Kamek lanzó un poderoso hechizo. De repente, el cuerpo de Mario se transformó: elegante, con más curvas, aún fuerte, pero innegablemente femenino. Confuso, furioso y sonrojado tanto por la rabia como por la vergüenza, Mario (ahora una mujer) fulminó a Bowser con la mirada.

—¡¿Qué demonios me hiciste?!

Bowser se acercó, altivo, con los brazos cruzados, los ojos brillantes: "Siempre arruinas mis planes. Siempre tomas lo que es mío. Así que ahora... tú vas a ser mía. Lucirás deslumbrante de blanco en nuestra boda. Y no te preocupes, si te portas bien, puede que deje ir a tu preciosa Peach y a Luigi." Los vítores de los Koopas fueron casi ensordecedores para nuestro héroe fontanero.


El Día de la Boda (¡Un Horror en Rosa!)

Las campanas de boda del Castillo de Bowser resonaron con un tintineo burlón y metálico. La luz del fuego pintaba las paredes de piedra, y un centenar de Koopas se sentaban en hileras de improvisadas bancas, vitoreando y aplaudiendo con sus garras. 

Al otro extremo del salón de baile iluminado por la lava, Bowser, con un impecable esmoquin blanco, sonreía ampliamente, mostrando sus colmillos. Peach y Luigi colgaban en jaulas mágicas, golpeando los barrotes con desesperación.

Y allí, de pie en un vestido de encaje y seda, con un velo que temblaba sobre su rostro sonrojado, estaba Mario. Ya no era el héroe que todos conocían, sino una hermosa mujer, transformada por el cruel hechizo de Kamek. Mario estaba en la entrada, su vestido blanco fluyendo con el resplandor de fuego del salón de baile. Su largo cabello negro caía por su espalda, enmarcando los delicados rasgos de su rostro.

Su mandíbula, antes fuerte, se había suavizado, y sus mejillas ahora estaban acentuadas con un sutil rubor. Sus brillantes ojos azules brillaban bajo largas pestañas, y sus labios eran carnosos y rosados.

Mario no pudo evitar sentir una punzada de autoconciencia. Su complexión atlética se había transformado en una figura curvilínea y femenina, sus músculos reemplazados por suaves curvas. Su vestido de novia abrazaba su cuerpo de una manera que la hacía sentir avergonzada y extrañamente empoderada.

Mario miró sus manos femeninas, recordando la sensación de fuerza que alguna vez tuvieron. Pero ahora, temblaban con la incertidumbre de su nueva forma. 

—Sonríe para la multitud, princesa —rugió Bowser, su voz resonando por el pasillo—. Camina por el pasillo, di "Sí, acepto", y tus amigos quedarán libres.

Los puños de Mario se apretaron contra los guantes de satén, su corazón latiendo con rabia y vergüenza. —¿Ah sí? Ya veremos... —murmuró, dando su primer paso por el pasillo. —Sí, veremos, Mario —rugió Bowser con una carcajada—. ¡Me encanta tu espíritu! Pero hoy eres mi pequeña princesa. Los ojos de Mario brillaron bajo el velo. "No apuestes por eso, Bows—" Sus palabras fueron interrumpidas cuando la multitud de Koopas se puso de pie, vitoreando y pisoteando. Kamek flotaba en su escoba junto al altar, con sus túnicas ondeando. "¡La boda va a comenzar! ¡Presentando el contrato mágico que unirá a estos dos en matrimonio!" Con un floreo, produjo un pergamino que brillaba con encantamientos. Mario examinó el documento. Si firmaba eso, sería de Bowser para siempre... Intentó darse la vuelta, solo para darse cuenta de que su vestido estaba anclado mágicamente, obligándola a avanzar. Kamek sonrió. 

—¡¿Qué es esto?! —espetó Mario. —El vestido está encantado. ¡No hay escapatoria del destino, princesa! —Bowser sonrió. Mario apretó los dientes, dando otro paso.  El pastel de bodas se alzaba detrás del altar, una imponente confección de varios pisos. Bowser sonrió con suficiencia. —¿Te estás echando para atrás? ¡No te preocupes, no puedes escapar! "No se equivoca", la mente de Mario se dio cuenta de que estaba atrapada en el vestido, sus amigos enjaulados y el castillo invadido por sus secuaces.

Por primera vez, Mario se sintió verdaderamente indefensa. La única salida era seguir adelante. Pero mientras Mario miraba por el pasillo, una idea se encendió en su mente. No podía atacar a Bowser directamente, pero ¿y si explotaba el pastel? Mario sonrió. "No necesito correr, Bows... ¡Estoy justo donde quiero estar!" La ceremonia comenzó. La sonrisa de Bowser nunca decayó, y Mario se encontró caminando por el pasillo, cada paso acercándola a los votos finales que sellarían su destino. Peach y Luigi gritaban desde sus jaulas, instándola a resistir. Mientras se acercaba al altar, Mario miró hacia el pastel, observándolo con una chispa traviesa. Si lo cronometraba bien, podría enviar el pastel volando hacia la multitud, causando caos y distracción. Kamek sostenía el pergamino en alto, listo para presentarlo para la firma.

—Queridos y fieles secuaces. Nos reunimos hoy aquí... —Se volvió hacia la pareja—. Para presenciar la unión de nuestro glorioso rey, Bowser, y su encantadora futura esposa, la Princesa Mario.  Kamek sonrió maliciosamente y se volvió hacia Mario. —Princesa Mario, ¿aceptas al Rey Bowser como tu esposo? ¿Prometes amarlo, honrarlo y obedecerlo desde este día en adelante, abandonando a todos los demás, para bien o para mal, incluso después de que el Reino Champiñón caiga ante el poder de la Tropa Koopa? Mario apretó los dientes, su mente corriendo en busca de cualquier salida. —¿Sí, acepto? —dijo Mario con vacilación.  Un jadeo recorrió la sala, y la sonrisa de Bowser se ensanchó como la de un tiburón. —¡Perfecto!  Los ojos de Kamek brillaron. "¡Entonces es el momento!" Movió su varita, y el contrato se desenrolló. Mario sintió una fuerza mágica tirando de su mano, obligándola a firmar. Mario luchó contra la magia, pero falló. Tan pronto como firmó su nombre, pudo sentir la magia recorrerla, fijando su forma. Y con eso, Mario firmó su vida, sellando su destino como esposa de Bowser. La multitud estalló en vítores, y Peach y Luigi bajaron la cabeza en señal de derrota. Mario estaba de pie en su vestido de novia, ahora ligada para siempre como mujer y a Bowser. Bowser rugió en victoria, y Mario solo pudo mirar el contrato firmado, su corazón hundiéndose. 

—¿Tú, Rey Bowser, tomas a la Princesa Mario como tu esposa? —¡Definitivamente sí! —Bramó Bowser. ] Al completarse los votos, una ola de energía mágica barrió la sala, sellando el destino de Mario. Ahora era la esposa de Bowser, ligada por la magia y el deber. El salón de baile estalló en celebración, los Koopas bailando y vitoreando salvajemente. Bowser agarró a Mario, acercándola para un beso triunfal. Mario luchó, empujando contra su pecho, pero el beso era inquebrantable.



El Baile Nupcial y el Giro Cruel del Destino

Mario, todavía aturdida por el hechizo, fue arrastrada del altar y obligada a bailar con Bowser. Su mente estaba desesperada por encontrar una salida a este lío. Entonces recordó el trato. —Está bien, Bowser, cumplí mi parte del trato. ¡Ahora libera a la princesa y a mi hermano! —le dijo a Bowser mientras se veía obligada a bailar. La pista de baile se llenó, y Mario se encontró rodeada. Bowser se rió, haciendo girar a Mario por el suelo. "¿Disfrutando de nuestro primer baile, Princesa Mario? Es una pena que no hayamos podido hacer esto en otras circunstancias..."  Mario lo miró con furia. "Sí, qué lástima. Ahora, sobre ese trato—" Pero antes de que pudiera terminar, la música se intensificó, y el baile se volvió más frenético. Bowser se inclinó, su aliento caliente en la cara de Mario. "Ahora eres mi esposa, princesa. Acostúmbrate."  Mario hizo una mueca mientras las manos de Bowser recorrían su cuerpo, una mezcla de ira y vergüenza inundando su rostro. Pero sabía que esto era solo el comienzo de sus problemas... Mario intentó concentrarse en la música, pero su mente giraba con pensamientos de escape. "¡Libera a la princesa y a Luigi!", exigió. Bowser la acercó más, su aliento caliente contra su cuello. Bowser aprovechó el momento y la besó de nuevo, su lengua explorando su boca. Mario luchó, intentando apartarse, pero la multitud enloqueció. La música llegó a un punto álgido, y Bowser la hizo girar, su mirada devorándola. —Solo disfruta la fiesta, princesa —Bowser sonrió con suficiencia—. Te lo has ganado. Mario lo fulminó con la mirada, sus mejillas enrojecidas.  —En cuanto a la princesa y tu hermano... —Bowser sonrió. Bowser la llevó de la pista de baile a una silla con forma de trono.  Bowser la besó. Mario se sorprendió de lo profundo que fue el beso. "¡Mmmmf!", exclamó. Cuando se separaron, Mario miró las jaulas. "¡Está bien, ganaste. Ahora deja ir a mi hermano y a Peach!", exigió. "Por supuesto", dijo Bowser mientras los liberaba. Mario sintió que su rostro se ponía completamente rojo. Intentó cubrir su rubor con las manos.

Peach y Luigi vitorearon a Mario, con sus rostros radiantes. "¡Mario! ¡Lo hiciste! ¡Nos salvaste!", exclamaron, abrazándola. Pero Mario solo pudo sonrojarse y balbucear. Se sentía tan extraña, tan vulnerable, y no estaba segura de cómo volvería a enfrentar al Reino Champiñón, o a su hermano. —¡No lo haces... yo... ¡soy una mujer ahora! ¡Él me convirtió en una chica, Luigi! —exclamó Mario. Luigi la miró, con confusión en su rostro. —¿De qué estás hablando, Mario? Siempre has sido una mujer. Eres la hermana de Peach. 

—¡Mwahahahaha! ¿Lo entiendes ahora, princesa? —Bowser se rio mientras Mario se quedaba allí en shock. 

El hechizo de Kamek no solo había transformado el cuerpo de Mario, sino que también había reescrito la realidad y los recuerdos de todos, ¡excepto los de Mario y Bowser! Para el Reino Champiñón, Mario siempre había sido una mujer, la hermana de la Princesa Peach. Su heroísmo, sus aventuras, todo permanecía, pero su género había sido alterado en la memoria colectiva. Mario no solo estaba atrapada en un cuerpo femenino y casada con Bowser, ¡sino que nadie recordaba que alguna vez había sido un hombre!

El reinado de Bowser, con la Princesa Mario como su esposa forzada, había comenzado. Y para Mario, la verdadera batalla apenas había empezado.



FIN
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viernes, 1 de agosto de 2025

La Condena de Josie: Un Alma Comprada Demasiado Cara


 

La Condena de Josie: Un Alma Comprada Demasiado Cara

Lucio, un estudiante de secundaria, albergaba un odio irracional hacia su maestra, la señorita Josie. La encontraba irritante, sus métodos aburridos, su voz monótona. Sin embargo, al mismo tiempo, envidiaba la vida que Josie aparentaba tener. La veía llegar en su coche, siempre impecable con sus trajes elegantes, y se imaginaba que su vida era de lujo, independencia y respeto. "Ella vive bien", pensaba Lucio, "ojalá yo pudiera tener esa vida, sin las estupideces de la escuela y con dinero".

Un viernes, mientras Lucio deambulaba por el bullicioso Mercado de Sonora, un lugar donde los deseos y los pactos a menudo se entrecruzaban con la realidad, una mujer joven y de belleza enigmática se le acercó. Sus ojos, profundos y oscuros, parecían ver a través de él. "Puedo ver tu alma, joven", susurró con una voz melodiosa. "Y conozco tus más profundos deseos. Anhelas la vida de otro, ¿no es así? La vida de tu maestra, Josie".

Lucio se quedó mudo, asombrado por la precisión de la mujer.

"El próximo viernes 13", continuó ella, entregándole un pequeño vial de cristal con un líquido amarillento y burbujeante. "Acércate a ella, sin ser visto, y vierte esta bebida en tu vaso. En el instante en que la bebas, tu alma saldrá de tu cuerpo, libre, y podrás apoderarte del suyo. Tendrás su vida, sus bienes, su respeto. Pero hay un precio. Un precio alto. Tu cuerpo original morirá en el instante del intercambio, y el alma de la maestra Josie, al ser desterrada de su cuerpo por un acto no deseado, irá al paraíso, liberada de sus cargas. Pero tú... tú, Lucio, cuando tu tiempo en ese cuerpo termine, tu alma irá directamente a los infiernos, condenada por este robo vital. Es la única forma de que la maldición se complete. ¿Aceptas el precio por la vida de Josie?"

Lucio no lo pensó dos veces. La promesa de esa vida aparentemente perfecta, la facilidad, la independencia... el castigo eterno le pareció un riesgo lejano, una fantasía. Tomó el vial, asintió con una determinación imprudente.

El viernes 13 llegó, oscuro y lluvioso. Con el corazón martilleándole en el pecho, Lucio se deslizó en el salón de profesores durante el receso, vertiendo el líquido amarillento un vaso de cristal. Cuando ella regresó el  bebió el último sorbo, un flash blanquecino, imperceptible para todos salvo para ellos, lo envolvió.

Lucio se encontró de pie, mirando su propio cuerpo de adolescente caer inerte al suelo. Se sintió extrañamente ligero, poderoso. Miró a su alrededor. Las otras maestras ni siquiera notaron el cuerpo de "Lucio" entre los pupitres. Era como si su existencia se hubiera desvanecido, excepto por el alma de Josie que, con un último y ligero suspiro, ascendió hacia la luz.

Desde ese día, Lucio vivió la vida de su Maestra Josie. Al principio, la euforia fue inmensa. Se miraba en el espejo, admirando el cabello perfectamente peinado, el traje elegante, la figura madura. Tenía su coche, su apartamento, su estatus. Creía haberlo logrado.

Pero la ilusión se desvaneció rápidamente. La vida de Josie no era lo que él pensaba. Su "elegante" apartamento era una prisión de soledad. Y lo peor de todo, su marido. El señor Martínez, el hombre apuesto que todos veían como un pilar de la comunidad, era un tirano en casa. Abusivo, maltratador, susurrante. Josie vivía en un infierno privado, disimulado por una fachada de perfección. Las agresiones físicas y verbales eran diarias, y Lucio, atrapado en el cuerpo de Josie, sintió el terror y la impotencia que ella había vivido.

El trabajo, que desde fuera parecía tan fácil, era agotador. Las pilas de exámenes, las reuniones con padres, los problemas de disciplina, la presión constante. Se dio cuenta de que la sonrisa de Josie era una máscara de dolor y resignación. Y cada noche, al acostarse, el recuerdo de la condena eterna que pesaba sobre su alma le helaba la sangre. Había vendido su alma por una vida que, de cerca, era una pesadilla.

Lucio, en el cuerpo de Josie, se hundió en la desdicha. No aprendió a apreciar la vida que tenía antes, ni a valorar la suya. Solo se consumió por el tormento diario y la certeza ineludible de su destino final. Su odio por la señorita Josie se transformó en una comprensión amarga de su sufrimiento, y su deseo de "vivir bien" se convirtió en una condena silenciosa. Así vivió sus días, una farsa perfecta para el mundo, pero un infierno personal, esperando el momento en que su alma, al fin liberada de ese cuerpo, cumpliría su pacto y descendería a las llamas eternas.


FIN

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miércoles, 2 de julio de 2025

La Lección de Marina: El Precio de la Crueldad


 

La Lección de Marina: El Precio de la Crueldad

Mark vivía en un mundo hecho a su medida, un universo donde su voz era ley y las mujeres meros adornos, juguetes o estorbos. Era un hombre chauvinista hasta la médula, con una sonrisa burlona siempre lista para despreciar, un comentario despectivo para categorizar a cualquier fémina como un humano de segunda clase. Su pasatiempo favorito era humillar, su deporte, menospreciar. Él era el rey de su pequeña y misógina burbuja, intocable e incuestionable.

Hasta que un día, su arrogancia le jugó una mala pasada. El objetivo de su desprecio no fue una mujer cualquiera, sino Samantha, una anciana de ojos penetrantes y un aura extraña, a quien Mark había insultado públicamente por su vestimenta "ridícula" y su "sentido común de mujer". Él no lo sabía, pero Samantha no era una anciana inofensiva; era una bruja, y su paciencia había llegado a su límite.

Samantha no buscó la justicia, sino la lección más cruel. Con un chasquido de sus dedos y una mirada gélida, cambió la realidad. No solo a Mark, sino el mundo a su alrededor.

Mientras caminaba por el pasillo de la Universidad, se desmayo y cuando Mark despertó con una confusión que se transformó en horror. Su cuerpo era diferente: más ligero, más delgado, con curvas suaves y una longitud de cabello que le rozaba la espalda. Su voz era ahora aguda, melodiosa. Corrió al Baño y se miro en el espejo, y lo que vio lo hizo gritar. Ya no era Mark. Era Marina.

Su departamento era el mismo, pero los detalles habían cambiado. Las fotos en las paredes mostraban a Marina, sonriendo junto a chicas que Mark solo conocía de vista, pero a quienes "Marina" parecía considerar sus mejores amigas. En su bolso, las identificaciones rezaban: "Marina Durán". Su cuenta bancaria, su historial, sus recuerdos falsos, todo confirmaba la existencia de Marina.

Solo dos personas en el mundo sabían la verdad: la inalcanzable bruja Samantha, que había desaparecido sin dejar rastro, y Mark... atrapado en el cuerpo y la vida de Marina.

El terror se convirtió en una desesperación fría. Intentó explicarse a sus "nuevas" amigas, a sus padres, a cualquiera que lo escuchara. Solo obtuvo miradas de preocupación y sugerencias de ir a terapia por su "crisis de identidad". Mark, el hombre que no creía en las lágrimas, se encontró llorando con la facilidad de Marina, una vulnerabilidad que lo humillaba aún más.

La vida como Marina era un tormento. Los cumplidos de los hombres se sentían como una invasión. Las "atenciones" que antes despreciaba ahora lo asqueaban. Las conversaciones de mujeres, que antes ridiculizaba, le parecían superficiales y ajenas. Descubrió la constante presión por la apariencia, el miedo a caminar solo por la noche, la sutil pero omnipresente misoginia que él mismo había ayudado a perpetuar. Intentó rebelarse, vestir ropa masculina, actuar como "Mark", pero solo lograba desconcertar a quienes la rodeaban.

Su frustración lo llevó a la locura. Buscó a Samantha sin descanso, en cada rincón, en cada mercado, en cada leyenda, pero la bruja nunca apareció. Se dio cuenta de que no había forma de regresar. Estaba atrapado. Atrapado en el cuerpo de una mujer, condenado a vivir la vida que, en su ignorancia y desprecio, había creído inferior.

Con el tiempo, la furia de Mark se desvaneció, reemplazada por una resignación helada. Aprendió a sonreír, a maquillarse, a usar la ropa "femenina" que odiaba. Aprendió a navegar por un mundo que lo veía diferente. Dejó de buscar a Samantha, dejó de gritar por la injusticia. La persona que había sido Mark, el hombre cruel y seguro de sí mismo, se desdibujó, borrada por la nueva realidad.

Marina no aprendió la lección de la empatía. Solo aprendió a sobrevivir. Se adaptó, sí, pero no con sabiduría, sino con una cáscara vacía. Su desdicha no era ruidosa, sino silenciosa, una agonía interna que nadie, salvo ella (y la distante Samantha), podía percibir. Se convirtió en la mujer que el mundo esperaba que fuera, pero por dentro, la mente de Mark se pudría en una prisión de silencio y arrepentimiento, condenado a ser la "segunda clase" que tanto había despreciado. Una trampa de belleza que duraría para siempre.

FIN

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miércoles, 25 de junio de 2025

La Pócima de la transformación: Cuando un Travesura se Convirtió en una experiencia invaluable (Parte 2)

 


Daniel, ahora en el cuerpo de su madre, se ajustó el vestido que le quedaba perfecto y se calzó unos tacones que, para su sorpresa, le resultaron extrañamente cómodos. La transformación era completa, asombrosa. Al mirarse en el espejo, no solo veía la figura de su madre, sino cada detalle: la forma en que su cabello caía, la suavidad de su piel, incluso la leve línea de preocupación entre sus cejas que nunca antes había notado. La voz que salió de su garganta fue la de ella, resonando con una autoridad suave que le dio un escalofrío. "Estoy listo", repitió, la determinación mezclada con una pizca de asombro. "Iré a ver al director."

Salió de la casa con una extraña mezcla de nerviosismo y audacia. El sol de la mañana se sentía diferente en su piel, y el aire, antes un simple telón de fondo, ahora le parecía lleno de matices que nunca había percibido. Cada paso con los tacones era una revelación; no era solo caminar, era un ritmo, una forma de presentarse al mundo. El bolso de su madre, colgado de su hombro, pesaba más de lo esperado, lleno de cosas "de mamá" que Daniel nunca había considerado.

Al llegar a la escuela, la sensación de ser observado era palpable. Los otros padres en la entrada le sonreían con deferencia, algunos incluso se acercaban para saludarla, comentando sobre su buen ánimo o su elegancia. Daniel, acostumbrado a ser invisible para los adultos a menos que estuviera en problemas, se sintió abrumado por esta nueva atención. Tuvo que forzar una sonrisa y asentir, sintiendo que sus músculos faciales adoptaban una expresión de amabilidad que no le era propia.

El camino a la oficina del director fue un pasillo de ojos curiosos. Los niños, sus compañeros de clase, lo miraban con asombro, cuchicheando sobre "la mamá de Daniel". Algunos de los maestros le ofrecieron un café, otros le preguntaron sobre su día. Daniel, en el cuerpo de su madre, se encontró respondiendo con la familiar cortesía de ella, sus modales automáticos, su voz tranquila y apacible. La personalidad de su madre parecía arraigada en cada fibra de ese cuerpo, guiándolo, haciéndole sentir la empatía, la paciencia y la sutil firmeza que ella irradiaba. Era como si el cuerpo estuviera programado para ser "mamá".

Finalmente, llegó a la puerta del director. El corazón le latió con fuerza, pero no con el miedo infantil de ser castigado, sino con una nueva y extraña aprensión. Al entrar, el director se levantó, su expresión severa se suavizó un poco al ver a "la madre de Daniel".



"Señora..." comenzó el director, pero Daniel ya estaba hablando, con la voz suave y preocupada de su madre.

Se encontró disculpándose profunda y sinceramente por la travesura, no como un niño que busca evitar un castigo, sino como una madre que siente el dolor y la vergüenza por las acciones de su hijo. La preocupación por el bienestar del otro niño, el brazo vendado, el impacto en la reputación de la escuela... todas esas emociones, que antes le parecían ajenas, ahora las sentía en cada fibra de su "nuevo" ser. La conversación se alargó. Daniel, desde el cuerpo de su madre, escuchó las quejas, las sugerencias, los consejos, y respondió con una madurez que lo sorprendió. Las palabras correctas salían de su boca sin esfuerzo, llenas de comprensión y un compromiso genuino.

Cuando la reunión terminó, Daniel salió de la oficina sintiéndose agotado, pero extrañamente iluminado. La presión en sus hombros era diferente. Ya no era el miedo a la chancla, sino el peso de la responsabilidad, la preocupación por el futuro, la empatía por el dolor ajeno. Miró el reloj. Tres horas habían pasado.

El regreso a casa fue aún más revelador. La lavandería, las compras que su madre había dejado pendientes, los mensajes de texto de familiares y amigos que antes ignoraba. Todo cobró un nuevo significado. Cada tarea, cada llamada, era una pequeña pieza del inmenso rompecabezas que era la vida de su madre. La queja de un niño por una tarea olvidada, la necesidad de planificar la cena, la búsqueda de un documento importante... Daniel se encontró a sí mismo manejando cada situación con la misma gracia y eficiencia que veía en ella todos los días, pero que nunca había valorado.

De repente, se dio cuenta. Su madre no era solo "mamá". Era la arquitecta de su hogar, la solucionadora de problemas, la diplomática, la planificadora, la sanadora. Su día no terminaba cuando él salía por la puerta. Su vida era una constante danza de responsabilidades invisibles.

El reloj marcó las cuatro horas. Un cosquilleo recorrió su cuerpo de nuevo, el mismo que había sentido al beber la pócima. Sus músculos se contrajeron, sus huesos crujieron. La ropa se sintió enorme de nuevo. En un parpadeo, Daniel estaba de vuelta en su propio cuerpo de niño de ocho años, en medio de la sala.

Miró sus pequeñas manos, luego la casa que antes veía como un simple telón de fondo. Todo parecía diferente. El silencio de la casa ya no era el de una casa vacía, sino el eco de todo lo que su madre hacía en ella. La correa de la chancla ya no le parecía tan aterradora; ahora, la veía como una herramienta de último recurso, usada por alguien que cargaba con mucho más peso de lo que él jamás imaginó.

Cuando su madre regresó a casa esa tarde, Daniel la miró de una manera completamente nueva. No habló de la reunión con el director, ni ella preguntó. Pero algo había cambiado. Al día siguiente, en la escuela, Daniel ayudó a su compañero a cargar sus libros. En casa, dobló su ropa sin que se lo pidieran. Y aunque todavía era un torbellino de energía, ahora su risa venía con una pizca de consideración, sus ojos con un destello de comprensión.

La travesura más grande de su vida lo había metido en el cuerpo de su madre por cuatro horas, y en ese tiempo, Daniel no solo se salvó de un castigo, sino que aprendió una lección que ninguna charla ni regaño le habría enseñado: lo que significaba ser su madre. Por primera vez, Daniel comprendió, de verdad, lo que significaba caminar "en los tacones de mamá".

martes, 24 de junio de 2025

La Pócima de la transformación: Cuando un Travesura se Convirtió en una experiencia invaluable


 

La Pócima de la Madurez: Cuando un Travesura se Convirtió en una Lección Inesperada

Daniel, a sus ocho años, era un torbellino de travesuras. Su risa era el preludio de algún desastre, sus ojos brillantes, los de un pequeño genio del caos. No había juguete sin desmontar, broma sin ejecutar, o adulto sin exasperar. Pero la última, oh, esa se había pasado de la raya. Un compañero había terminado con un brazo vendado, y el director, con una seriedad que helaba la sangre, le había dado el ultimátum: "Daniel, mañana mismo quiero hablar con tu madre."

No había escapatoria. Daniel sabía que esta vez no había excusa, ni lágrima que valiera. La correa de la chancla de su madre ya parecía vibrar en el aire. El pánico lo invadió. Pero entonces, un destello de ingenio, alimentado por el miedo, iluminó su mente. El Mercado de Sonora. El lugar donde, según los rumores del patio de la escuela, se resolvían todos los problemas, incluso los más mágicos.

"¡Mamá!", gritó con su voz más inocente, "me voy a casa de Javi a hacer la tarea. ¡Vamos a trabajar en el proyecto de ciencia!" Su madre, agotada por las peripecias diarias de su hijo, asintió distraída.

Daniel salió corriendo, el corazón latiéndole a mil por hora. El camino al Mercado de Sonora fue una aventura en sí misma. La gente lo miraba raro, un niño de ocho años solo, zigzagueando entre los puestos. "¿Cómo un chico tan pequeño anda por aquí solo?", se preguntaban en voz baja. El olor a hierbas, inciensos y algo indefinible flotaba en el aire.

De pronto, una voz grave y rasposa lo detuvo. "Acércate, muchacho." Un hombre con una barba larga y enmarañada, y unos ojos que parecían ver a través del alma, lo observaba desde un puesto lleno de amuletos y frascos extraños. "Sé por qué andas por aquí. Tu desesperación te trajo."

Daniel, sorprendido pero valiente, se acercó. "Necesito que mi mamá no sepa lo que hice," soltó sin rodeos.

El hombre sonrió, mostrando algunos dientes dorados. "Tengo la solución para ti, pequeño travieso. Cien pesos, y te doy el secreto."

Cien pesos. Su tesoro de dulces y figuritas de acción. Daniel dudó un instante, pero la imagen del director y el temor a su madre fueron más fuertes. Sacó el billete arrugado de su bolsillo y se lo entregó al hombre.

El brujo le dio un pequeño frasco de cristal lleno de un líquido burbujeante y verdoso. "Escucha bien, muchacho. Cuando tengas que ir a ver al director, toma un cabello de tu madre, uno solo, y échalo en esta pócima. Bébetela. Tendrás cuatro horas. Cuatro horas para hacer lo que tienes que hacer. Ni un minuto más, ni un minuto menos." Sus ojos brillaron con una luz enigmática.

Daniel asintió, las instrucciones grabadas a fuego en su mente. Planeó hacerlo al día siguiente, cuando su madre no estaría en casa en todo el día.

La mañana siguiente, la casa se sentía extrañamente silenciosa. En cuanto la puerta principal se cerró, Daniel corrió al baño. Tomó el cepillo de su madre, encontró un cabello largo y oscuro, y con manos temblorosas, lo dejó caer en la pócima.

Lo que sucedió después fue como sacado de un sueño febril. El líquido brilló con una luz esmeralda, y Daniel se lo bebió de un solo trago. Un calor extraño se extendió por su cuerpo, seguido de un cosquilleo en su piel. Sus ropas comenzaron a sentirse apretadas, luego holgadas. Sus huesos crujieron, su piel se estiró. Sus hombros se ensancharon, luego sus caderas. El cabello creció, la voz se hizo más suave y profunda. La sensación era a la vez aterradora y fascinante.

Miró sus manos, que ahora eran más grandes y femeninas. Sintió una plenitud inesperada en su pecho. Ante sus propios ojos, el pequeño Daniel se transformaba. Poco a poco, su cuerpo se moldeaba, sus rasgos se suavizaban, hasta que el espejo le devolvió una imagen asombrosa: la de su propia madre. Su postura, sus curvas, incluso la expresión de su rostro. Era ella, o al menos, una copia perfecta.

Exhausto pero triunfante, Daniel, ahora en el cuerpo de su madre, respiró hondo. Su voz, ahora la de una mujer adulta, resonó en la habitación. "Estoy listo," dijo con una determinación nueva y extraña. "Iré a ver al director."

La travesura más grande de su vida estaba a punto de comenzar. Una travesura que no solo lo sacaría de un aprieto, sino que lo llevaría a un viaje de descubrimiento que jamás habría imaginado, caminando en los zapatos (o tacones) de la mujer que más conocía, pero que menos comprendía. El reloj comenzó su cuenta regresiva. Cuatro horas.

CONTINUARÁ

https://fatralatg.blogspot.com/2025/05/la-pocima-de-la-transformacion-cuando.html

jueves, 19 de junio de 2025

La Condena Compartida: La Broma Cruel de la Bruja del Mercado


 La Condena Compartida: La Broma Cruel de la Bruja del Mercado

Marina, con fiebre y la nariz congestionada, miraba con desesperación el póster gigante de Mamoru que cubría una de las paredes de su habitación. Era hoy. El concierto que llevaba meses esperando, el clímax de su adolescencia, y su maldito resfriado se lo arruinaba todo. La frustración le quemaba la garganta.

Recordó entonces la poción que había comprado hacía un año a aquella bruja de mirada astuta en el Mercado de Sonora. "Solo una vez, solo por unas horas", se repitió con la voz de la bruja resonando en su mente, mientras revolvía frenéticamente en su cajón hasta encontrar el frasco violeta. Un líquido espeso y brillante, como lavanda líquida.

Su hermano, Hugo, su polo opuesto en la vida y en el físico, estaba tirado en el sofá, absorto en un partido de deportes en la televisión, su musculatura relajada. Marina se acercó con una sonrisa nerviosa, ocultando el frasco detrás de su espalda.

—Hermano, necesito un favor… gigante —dijo, la voz más aguda de lo usual por la fiebre, mientras agitaba el frasco discretamente.

Antes de que Hugo pudiera reaccionar, antes de que pudiera preguntar o quejarse, Marina le arrojó la mitad del líquido a la cara y tomó el resto de un trago. Una sacudida eléctrica, fría y dolorosa, recorrió sus cuerpos, seguida de un vértigo nauseabundo que los hizo caer al suelo. La visión se volvió borrosa, los sonidos se distorsionaron. Cuando abrieron los ojos, el mundo había girado sobre su eje.

Ella estaba en el cuerpo musculoso y alto de Hugo. Él, en su diminuto y frágil cuerpo de adolescente.

—¡¿QUÉ DEMONIOS, MARINA?! —rugió Hugo, pero su voz ahora era aguda, quebradiza, casi un chillido histérico. Los ojos de Marina (en el cuerpo de Hugo) se abrieron de par en par.

—¡Solo será por el concierto! ¡Prometo que volveremos a la normalidad! —dijo Marina, intentando sonar convincente, aunque al oír su nueva voz grave, un escalofrío (que no era por la fiebre) la recorrió. Había cometido el error más grande de su vida, y arrastrado a su hermano con ella. Solo le dijo Metete a la cama si no no te vas a curar el resfriado.

El Concierto (y el Principio del Fin)

Marina, con una mezcla de pánico y excitación, se vistió con unos jeans ajustados y una blusa algo escotada del guardarropa de Hugo, intentando replicar su estilo. Llegó al estadio, abriéndose paso entre la multitud. El concierto era vibrante, Mamoru era aún más guapo en persona, su voz llenaba el aire. Marina se movía con los brazos de Hugo, intentando contonearse como lo habría hecho en su propio cuerpo, disfrutando de la música.

Pero algo no encajaba. A pesar de sus intentos por parecer femenina, a pesar de su atuendo y sus movimientos algo torpes, la gente la trataba como a un hombre. "¿Quieres una cerveza, amigo?", le preguntó un tipo fornido. "¿Vienes solo, campeón?", le dijo otro. Su reflejo en los vidrios de las tiendas la hacía estremecer. Ese no era ella. Era la silueta familiar de su hermano, con sus hombros anchos y su mandíbula cuadrada. Hasta su forma de caminar se sentía ajena, pesada, grosera. La experiencia que había soñado se tiñó de una extraña sensación de irrealidad y desconexión.

Mientras tanto, Hugo estaba atrapado en casa, viviendo la pesadilla. Su madre lo regañó por "fingir" voz grave y por no estar en Cama cuidando el resfriado. Sus amigos lo llamaron para salir, pero colgó el teléfono al oír su propio tono de niña saliendo de su boca. La irritación de su madre, las risas ahogadas de sus amigos. Hasta el perro, un viejo labrador que siempre lo recibía con entusiasmo, lo miró raro, ladeando la cabeza con confusión.

La Traición de la Poción

Al regresar del concierto, Marina, con el corazón aún latiéndole, se dijo si tomo la poción de nuevo todo ira bien pero la bruja que le había indicado en un pequeño pergamino. "Solo mezcla el resto del vial con agua de luna llena y bébelo al amanecer". Con la última gota de esperanza, bebió… y nada pasó. El sol ya salía, tiñendo el horizonte de naranja y rosa, pero sus cuerpos no se movieron.

Hugo, histérico, la empujó, su pequeña mano infantil golpeando el pecho de Marina (en el cuerpo de Hugo). "¡¿DÓNDE ESTÁ MI CUERPO, IDIOTA?! ¡Dijiste que volveríamos a la normalidad!"

—¡NO SÉ! ¡DEBERÍA HABER FUNCIONADO! —chilló Marina, con la voz grave de su hermano, la desesperación creciendo en su pecho.

Corrieron a la calle donde estaba el puesto de la bruja. Habían memorizado cada detalle: las telas colgantes, las extrañas baratijas, el olor a hierbas quemadas. Pero el puesto había desaparecido sin dejar rastro, como si nunca hubiera estado allí. Solo quedaba un callejón vacío y sucio. Un vagabundo, que dormitaba en un umbral cercano, los miró con ojos vacíos.

—"Esa señora…", gruñó el vagabundo, su voz ronca. "Solo aparece cuando alguien está lo bastante desesperado para no leer la letra pequeña".

La poción no tenía reversa. Nunca la tuvo.

El Ajuste Amargo

Los meses siguientes fueron un infierno de adaptación y desilusión. Marina intentó al principio negarlo. Se puso vestidos del armario de su madre, pero en el cuerpo musculoso de Hugo, solo atraía miradas burlonas y confusas, como si fuera un travesti sin sentido del estilo. Compró pelucas, pero su rostro masculino las hacía ver como un disfraz barato y ridículo. Incluso siguió a Mamoru a otra ciudad para otro concierto, pero su persistencia y su apariencia la hicieron ser confundida con un acosador y expulsada del recinto.

Hugo, por su parte, cayó en una profunda depresión. Perdió su trabajo de entrenador en el gimnasio local; ¿qué cliente tomaría en serio a una chica de 17 años que se quejaba de su voz y su fuerza? Su novia, Laura, lo dejó. "Lo siento, Hugo", dijo ella con incomodidad, "no salgo con menores. Y esto... esto es demasiado raro". Hasta afeitarse las piernas, algo que Marina solía hacer, se sintió como una derrota humillante, una traición a su propia masculinidad.

Final: La Vida Sigue (Pero Rota)

Un año después.

Marina, ahora Hugo, trabaja como repartidor en una furgoneta. Su antigua colección de pósters de Mamoru y sus CDs ahora están en una caja polvorienta bajo la cama, un recuerdo doloroso de la obsesión que arruinó su vida. A veces, en la ducha, cuando el agua caliente golpea su cuerpo masculino, llora. Pero hasta sus lágrimas se sienten ajenas, extrañas, como si la emoción perteneciera a otra persona. Vive con el cansancio constante y la amargura de una vida que no le pertenece.

Hugo, ahora Marina, estudia de nuevo la preparatoria. Cada mañana, se ata el pelo con rabia, la diadema de chica apretando su cabeza. Odia su vida, odia su cuerpo. Odia el maquillaje, la ropa "linda", las miradas. No quiere ser una mujer, no quiere esta vida de fragilidad y expectativas. Ha perdido su identidad, su futuro. Se ha vuelto huraña, solitaria, una sombra de lo que Marina fue.

La bruja nunca regresó. Nadie aprendió nada de valor. Solo quedaron dos extraños, dos almas rotas, atrapadas en cuerpos que nunca quisieron, condenados a una existencia de desdicha permanente.


FIN

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martes, 18 de julio de 2023

Mi cabeza en las Nubes

Seguimos con la Traducción de este Manga, es la segunda parte del primer capitulo, y no habrá mas hasta nuevo aviso, espero les guste, Comenten si quieren ver mas, si no veo comentarios, ni vale la pena hacerlo


Mi Cabeza en las Nubes Capitulo 1 parte 2


https://youtu.be/7Z90r81AIM4


lunes, 17 de julio de 2023

Mi Cabeza en las Nubes


Hoy les traigo algo especial, espero les guste, es una traducción a un Manga, pero lo hice tipo Película, yo le puse todas las voces y es la primera de tres partes, aunque esta primera parte esta dividida en 2, comenten en mi blog si les gusta y quieren mas de este tipo de contenido.


Mi Cabeza esta en las nubes


Mi Cabeza esta en las Nubes


martes, 20 de diciembre de 2022

jueves, 16 de junio de 2022

La Mascara 3ra historia

 Una vez mas relato una nueva historia de la mascara, se que no termine la segunda historia, pero prometo terminarla algún día, espero esta la disfruten y espero se suscriban a mi patreon, ahí estará el final de esta historia.

Gracias

https://www.patreon.com/fatralatg





Dannyboy y la máscara

El reloj sonaba tranquilamente, el único sonido en la habitación. Daniel Martínez miró alrededor de la mesa, viendo a sus familiares, todos esperando en silencio mientras el abogado reunía sus materiales, preparándose para leer el testamento. Los demás no querían que Daniel estuviera allí, pensando que era demasiado joven a los 15 años para esto, pero él estaba más cerca que ninguno de ellos de su tío Beto.

 

Daniel casi sonrió, recordando con cariño al tío Beto. Siempre había sido un poco excéntrico, y había sido la oveja negra de la familia. Siempre fue tacaño, el tipo de persona que comía comida para perros y nunca tiraba nada, pero todos sospechaban que era secretamente rico. Por desgracia, ahora estaban a punto de averiguarlo con seguridad. Daniel era el único que estaba realmente molesto por esto, ya que le gustaba mucho su extraño tío.

 

Ni siquiera tenían el cuerpo del tío Beto. Acababa de desaparecer misteriosamente, y se pensaba que había sido víctima de un atraco, o de otro juego sucio, ya que tenía la costumbre de dar paseos por la noche, donde no siempre era seguro.

 

El abogado se aclaró la garganta y empezó a leer el testamento. Casi todos se sintieron decepcionados, creyendo secretamente que se revelaría una gran fortuna, pero descubriendo en cambio que el tío Beto no era tan rico. Sólo tenía un par de miles como mucho, que se repartían entre sus hermanos.

 

Daniel no había esperado nada, o al menos no dinero, pero al menos esperaba que el tío Beto se hubiera acordado. Una vez terminada la lectura, todos empezaron a marcharse, y Daniel empezó a seguir a su padre, pero el abogado le hizo un gesto para que se quedara un minuto. Curioso, Daniel esperó hasta que todos se fueron.

 

El abogado, un hombre mayor, cogió una pequeña caja de madera y la puso delante de Daniel. Curiosamente, Daniel recordó haberla visto en la mesa del tío Beto. El abogado le sonrió.

 

"El difunto declara en su testamento" comienza el abogado, "que esta caja debe ser entregada a usted. También dice que se le entregará a usted en privado" Con eso, el abogado dice: "Adiós" y se va, dejando a Daniel sin palabras.

Daniel estuvo tranquilo en el viaje de vuelta a casa, sosteniendo la pequeña caja cerca de él. La escondió para que sus padres no pudieran verla. No sabía por qué el tío Beto se la había regalado, ni siquiera qué contenía. No podía esperar a llegar a casa y ver, su curiosidad ardía en su interior.

 

En silencio, Daniel miró atentamente la caja, viendo la madera oscura. No parecía demasiado vieja, ni tampoco demasiado elegante. De hecho, estaba un poco rayada y maltratada, con un pequeño pestillo que la mantenía cerrada por delante. Intentó imaginar qué había en la caja. ¿Un montón de joyas? ¿Mucho dinero? Finalmente cedió a su curiosidad y levantó lentamente el pestillo, y abrió la tapa.

 

En la parte superior había un sobre con su dirección en el frente. Con cuidado, lo dejó a un lado y vio una Máscara de aspecto barato. Era redonda y verde. Absurdamente, Daniel puso la mascara a un lado, y notó el dinero debajo. Se quedó boquiabierto al ver que había billetes de veinte, de diez e incluso uno de cincuenta. Debían ser un par de cientos de dólares.

 

No era el gran tesoro que había imaginado, pero sí más dinero del que había tenido en su vida. Ignorando la tentación de contar el dinero, Daniel abrió el sobre y desdobló la carta que había dentro. La letra no era muy clara, pero era obviamente del tío Beto.

 

Querido Dannyboy. Siempre has sido un buen chico, así que he decidido dejarte mi mayor tesoro. Es la máscara de la caja. Sé que no parece mucho, pero créeme, hay mucho en ella. Probablemente no me creas, pero es mágica. Si te la pones y luego te concentras viendo a otra persona con ella, te convertirás en una copia de esa persona.

Para volver a cambiar, sólo tienes que tocar tu propia ropa. El problema es que tienes que esperar 1 hora después de usarlo para que vuelva a funcionar, las instrucciones te las dará la misma mascara, pero yo te diré que más o menos te dirán esto: “Has activado el poder de la máscara, este es un mensaje que solo dirá una vez y solo se volverá a  escuchar cuando le pases el poder a otro, esta es la primera vez que la usas, con ella "podrás ser uno con tu entorno", una vez puesta no te la podrás quitar hasta que pase una hora, pero ten cuidado, si usas el poder de la máscara por más de 6 horas continuas no podrás volver a usarla, además que te quedaras con la última forma que tomes; si la persona que tienes su forma muere en ese instante que tú tienes la máscara, tomaras su lugar y si la usas una décima vez, te quedaras con esa forma para siempre. Así que, cuando lo uses, planifica con antelación. Sé que no me creerás, así que compruébalo por ti mismo. Y hagas lo que hagas, no se lo cuentes a nadie. No diré dónde la encontré, pero encontrarla fue un golpe de suerte. Fue pura casualidad que descubriera lo que podía hacer. He jugado con ella durante un tiempo, pero finalmente decidí lo que realmente quería con ella.  En mi Décima transformación Me he decidido quedarme como otra persona y pienso vivir así permanentemente. No estoy muerto, sólo que ya no soy yo mismo. No esperes verme, ya que me mudo a Los Ángeles en cuanto termine de escribir esto. Diviértete con ello, pero recuerda tener cuidado, y cuídate. Con cariño, tío Beto.

 

Daniel dejó la carta. El tío Beto debía estar más loco de lo que pensaban, se dio cuenta Daniel. ¿Pensar que esta cosa era mágica? Daniel miró con escepticismo el artículo sospechoso. Recogiéndolo, pasó las manos por encima, sintiendo la superficie ligeramente rugosa.

 

Dejándolo en el suelo, Daniel estaba a punto de empezar a contar el dinero, pero la carta no salía de su mente. No creía ni una palabra, pero sentía que al menos le debía al tío Beto la oportunidad de demostrarlo.

 

Después de discutir consigo mismo durante varios minutos, Daniel decidió a regañadientes al menos intentarlo. Estaba seguro de que no funcionaría, pero le debía al tío Beto al menos intentarlo.

 

Asegurándose de que sus padres no estaban mirando, Daniel entró en la habitación de su hermano Marcos. Marcos tenía 18 años y se había ido al ejército hacía un par de meses. Daniel pensó que Marcos sería una buena opción, ya que dejó todas sus cosas aquí, incluyendo toda su ropa. Sintiéndose ligeramente culpable, Daniel cogió una delas fotos de su álbum, de aproximadamente 6 meses.

 

Volviendo a su propia habitación, se puso la máscara sobre su cabeza. Se sintió tonto al levantar la foto de su hermano y pensar en él, pero se sobresaltó ligeramente al sentir un ligero cosquilleo cuando la la mascara fue puesta totalmente. Daniel se río de sí mismo por dejarse llevar por su imaginación.

 

Arrojando la foto de Marcos sobre su cama, y luego quitándose la máscara, Daniel la devolvió a la caja, contento de haber terminado con eso. Ahora a contar el dinero.

 

Mientras Daniel empezaba a separar los billetes, se rascó, sintiendo que su cuerpo se sentía raro y algo incomodo. Se encogió de hombros, pensando que simplemente algo le había sentado mal. Después de varios minutos más, se quedó con la boca abierta.

Rápidamente, se quitó la camisa y los pantalones que ya no eran los mismos que traía antes, sino los de la foto de Marcos, y notó que sus piernas parecían más grandes que antes. Se sintió extraño y empezó a darse cuenta de que el tío Beto no estaba loco después de todo. Miró con asombro su reflejo en el espejo, viendo que era al menos cinco centímetros más alto, y definitivamente más musculoso. Daniel no podía apartar los ojos de su reflejo, ya que poco a poco iba cambiando, pareciéndose cada vez más a Marcos, y su ropa había cambiando a la misma que traía en la foto.

 

Finalmente, los cambios parecieron detenerse, y Marcos lo miró desde el espejo. Daniel estaba asombrado. Flexionó uno de sus bíceps, amando la forma en que se abultaba. El suyo, sin duda, no haría eso. Volvió a flexionar, deleitándose con los músculos que tenía. Marcos siempre había pasado mucho tiempo haciendo ejercicio, y a Daniel le encantaban los resultados.

 

Curiosamente, Daniel se quitó la ropa interior. Se sintió avergonzado de mirar los genitales de su hermano, y casi se río. Marcos siempre había presumido, diciendo que era largo y grueso, pero Daniel vio que el de  Marcos era quizás un poco más pequeño que el suyo. Tal vez era sólo el cuerpo más grande, se preguntó, lo que lo hacía parecer más pequeño. En realidad, no importaba.

 

De repente, Daniel recordó que la cena era dentro de una media hora y que la nota decía que no se podía cambiar hasta dentro de 1 hora. De ninguna manera sería capaz de explicar esto a su mamá y papá. Asustado, Daniel probó la máscara de nuevo, queriendo asegurarse. Se decepcionó, pero no se sorprendió cuando no ocurrió nada.

 

Daniel se obligó a calmarse, tratando de pensar en lo que podía hacer. No podía dejar que le vieran así, al menos sin hablarles de la máscara. Se suponía que Marcos estaba muy lejos, así que no sería bueno que lo vieran aquí.

 

Primero, decidió Daniel, tenía que vestirse. Se puso la camisa de Marcos y luego se puso el pantalón. Con cuidado, se asomó a su puerta, asegurándose de que no había nadie alrededor, y luego se apresuró a entrar en la habitación de Marcos. Necesitaba unos zapatos pues en la foto estaba descalzo, al entrar miró algunas pesas de Marcos en el suelo y no pudo resistirse a probarlas.

 

Levantar una era bastante fácil para él, y sabía que nunca sería capaz de levantar eso en su propio cuerpo. Le encantaba ser así de fuerte. Se sentía muy animado. Entonces, preocupado por si le oían, se detuvo y miró la ventana. Un minuto más tarde, salió por la ventana y se dirigió a la ciudad.

 

Daniel sabía que se metería en problemas cuando volviera, pero no sería tan grave como si lo vieran así. Caminando, se dio cuenta de que las mujeres seguían mirándole. Todo tipo de chicas con las que sabía que nunca tendría una oportunidad le miraban fijamente, y a Daniel le encantaba. La mayoría de ellas eran unos años mayores que él, pero eso sólo las hacía más interesantes para él.

 

"Hey Marcos", Daniel se dio la vuelta, viendo a una morena muy bonita, que reconoció como una de las antiguas novias de Marcos, "No pensé que todavía estuvieses en la ciudad" Dijo, obviamente complacida.

 

Daniel tartamudeó por un segundo, luego le dijo que estaba de vuelta en licencia, pero que se iba al día siguiente. Esperaba que eso evitara más preguntas. Sin embargo, ella no parecía interesada y se levantó de un salto, dándole a Daniel un profundo beso. Sorprendido, él se limitó a disfrutarlo durante unos segundos, y luego respondió.

No estaba seguro de cómo ocurrió exactamente, pero la chica, que se llamaba Sara, según recordaba Daniel, le llevó a su apartamento. Antes de que se diera cuenta, Daniel tenía los pantalones por los tobillos mientras Sara tenía su pene en la boca. Daniel gimió, sorprendido por lo bien que se sentía. Rápidamente después, se encontró mirando sus pechos desnudos. Él no podía creer que estaba haciendo esto, y luego comenzó a entrar en ella. Se sintió apretada y caliente, y apretó su pene con fuerza. Llegó al orgasmo y se acostó junto a ella, sintiéndose muy cansado.

 

Daniel se despertó, dándose cuenta de que seguía durmiendo junto a Sara. Se sintió avergonzado por lo que había hecho la noche anterior, pero también excitado. No había sido tan bueno como había oído que se suponía que era, pero todavía se sentía muy bien. Mirando a Sara durmiendo, Daniel sintió que se le ponía dura de nuevo. No queriendo despertarla, se vistió en silencio y se escabulló, notando el reloj. Habían pasado 12 horas. Se dio cuenta de que tenía que llegar a casa y cambiarse inmediatamente.

 

Todavía estaba oscuro, pero Daniel se apresuró a llegar a casa. Por suerte para él, su casa no estaba muy lejos, así que volvió muy rápido. No hizo ruido al meterse de nuevo en la ventana, pero casi se escapa. A duras penas evitó hacer ruido al entrar y meterse en su propia habitación. Rezó desesperadamente para que su madre y su padre no le oyeran.

 

Se despojó de los zapatos de Marcos, se puso la máscara en la cara. Se sintió aliviado cuando empezó a encogerse lentamente hasta alcanzar su propia forma. y cuando se la quitó oyó una voz que decía "esta es la primera vez que usas el poder", inmediatamente escondió la máscara en su armario, se metió en la cama, tirando de las mantas sobre su cabeza, sintiendo que su cuerpo seguía cambiando.

 

A Daniel no le sorprendió encontrarse castigado durante una semana después de que sus padres lo encontraran de vuelta, pero se lo tomaron con calma, pensando que la muerte del tío Beto acababa de golpearlo con fuerza, y que la lectura del testamento lo había sacudido. Lo castigaron sobre todo por lo principal. Daniel se sintió aliviado de que se lo hubieran tomado con tanta calma, pero seguía nervioso.

 

No volvió a tocar la máscara durante casi una semana, por miedo a que le atraparan. Finalmente, el fin de semana siguiente, su madre y su padre salieron a cenar y a bailar, dejándolo solo en casa. Daniel sonrió al saber que volverían muy tarde. Tendría tiempo suficiente para volver a explorar la máscara.

 

Cuando se fueron, volvió a transformarse en Marcos, aunque esta vez no salió de casa. Pasó un rato levantando pesas, y disfrutando de la sensación de los músculos. Daniel empezó a considerar seriamente la posibilidad de levantar pesas él mismo.

 

Finalmente apagó las luces y se fue a la cama, no antes de usar la máscara y oír esa voz que decía: “esta es la segunda vez que usas el poder” .

 

Impaciente, Daniel esperó otra oportunidad para usar la máscara. Por desgracia, sus padres estuvieron en casa todas las noches durante dos semanas, lo que le dio pocas oportunidades. Acabaron decidiendo hacer una escapada de fin de semana, utilizando el dinero que les había dejado el tío Beto. Se despidieron de Daniel, confiando en que se ocuparía de sí mismo durante un par de días mientras se marchaban.

 

En el momento en que su coche salió de la calzada, Daniel corrió a su dormitorio para coger la máscara. Volvió al salón y se sentó en el sofá, con la máscara en una mano y la foto en la otra. Miró de una a otra y luego se puso la máscara a la cara. Miró la imagen en sus manos durante otro minuto, y luego lo levantó lentamente.

 

Daniel esperó a empezar a notar los cambios que sabía que ya se estaban produciendo. Después de varios minutos, se sintió un poco más ligero, y más pequeño, y se llevó las manos al pecho, tocando las ligeras hinchazones que empezaban a desarrollarse bajo la camisa. Se sentía avergonzado por ello, pero su curiosidad le había llevado a tomar la decisión.

De adolescente, había sentido mucha curiosidad por el sexo. Acostarse con Sara no le había librado de esa curiosidad. Se preguntaba cómo sería ser una chica. Cómo sería tener pechos. Finalmente había decidido averiguarlo. Tenía que hacerlo, era una oportunidad en un millón.

 

Había mirado en la habitación de Marcos, sabiendo que éste tenía una foto en bikini de alguna mujer que había sacado de internet y que mantenía escondida. Marcos se la había enseñado un par de veces, diciendo que la stripper de la foto era un bombón. Daniel había decidido que, si iba a convertirse en una chica, también podría convertirse en una hermosa.

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