Soy Alexa y fui co-creadora del proyecto llamado Fatrala algunos años atrás, hoy solo son recuerdos. El Grupo en Yahoo muerto y la pagina le perdí el dominio en 2006. Publicare Nuevas Captions, Historias y Traducciones Advertencia, si quieres que conteste sus comentarios deberán tener un nombre, no contesto anónimos
lunes, 8 de septiembre de 2025
La Maldición de la Belleza Ajena (tres)
miércoles, 20 de agosto de 2025
La Maldición de la Belleza Ajena (dos)
La Historia Viral de Re:Zero: ¡Un Giro Inesperado del Destino! (Parte 2)
Esa tarde, la habitación que alguna vez fue el refugio de Subaru se convirtió en el epicentro de un experimento existencial. Emilia y Subaru, atrapados en los cuerpos del otro, luchaban por comprender la madeja de recuerdos que se entrelazaban en sus mentes. Puck había confirmado la magnitud del cambio: un 70% de sus memorias y personalidades ya se habían fusionado. Subaru, con la elegancia innata de Emilia, aún conservaba sus arranques impulsivos; Emilia, en el cuerpo de Subaru, era demasiado refinada para la brusquedad del caballero. Pero había algo que, por momentos, les recordaba quiénes eran: las imitaciones de Subaru, tan convincentes que ya habían engañado a Ram.
De pronto, una punzada de pánico atravesó a Emilia. ¡La capital! En solo dos días, Emilia debía presentarse en Lugunica, junto a las demás candidatas a Reina.
"¿Yo... suplir a Emilia-tan?", balbuceó Subaru, su voz, aunque femenina, teñida de incredulidad. "¿Yo, ahora soy candidata a Reina? ¡Esto es una locura, yo no puedo ser Reina!"
Emilia, con la seriedad de su nuevo "yo" masculino, le recordó que era ineludible. Además, tendría que vestir el traje que Roswaal había mandado a confeccionar especialmente para la ocasión, uno que, a decir verdad, a ella misma le avergonzaba usar. Y lo peor: debía aprenderse un discurso. Así que, para evitar miradas indiscretas, decidieron que Subaru practicaría y se probaría el atuendo a altas horas de la noche, en lo que era, o había sido, la habitación de Emilia.
Pasadas las dos de la mañana, cuando el silencio de la mansión era solo interrumpido por el murmullo del viento, Emilia se coló en su antigua habitación. Abrió el armario, buscando entre los vestidos y cajones hasta dar con un traje de una sola pieza, similar a un "Body Jump", y una capa blanca. "Desnúdate", le dijo a Subaru, una orden que sonaba extraña saliendo de su propia voz.
Subaru, sintiendo una chispa de picardía, decidió jugarle una broma. Con su mejor imitación de Emilia, exclamó con voz aguda: "¡Dios mío, que alguien me ayude! ¡Subaru me está pidiendo que haga cosas indecorosas, a mí, Emilia, que ni siquiera sé cómo se hacen los bebés!" Ambos estallaron en carcajadas. Emilia le reprochó, recordándole el día en que ella creía que los bebés venían de los besos. Subaru, sin salirse del personaje, respondió: "Es que soy muy inocente, pero no negarás que soy adorable." De repente, el silencio se apoderó de ellos. ¿Había alguien más cerca?
Emilia quiso asomarse, pero Subaru la detuvo. "No, yo tengo que hacerlo. Escóndete. Si encuentran mi cuerpo, el de Natsuki Subaru, podría haber problemas." Se asomó con cautela y lo que vio lo dejó perplejo: Beatrice. O, como solo Subaru la llamaba, "Beako". Los ojos de la pequeña rubia se abrieron de par en par.
Beatrice anunció que iba a pasar, pero Subaru, imitando a Emilia, le dijo que era muy tarde y que tenía mucho sueño. Beatrice, impasible, entró de todas formas. Una vez dentro, cerraron la puerta con cerrojo. "Si Puck no me lo dice, no lo creo", dijo Beatrice, su voz resonando en el silencio. "Pero es verdad, la realidad se ha alterado. Has cambiado. No sé exactamente cómo, pues yo te veo como siempre, para mí tú eres Emilia, la semielfa, pero has cambiado."
Al darse cuenta de que Puck había revelado el secreto a Beatrice, Subaru le pidió a Emilia que saliera de su escondite. Una vez reunidos, Subaru les relató todo lo que había sucedido cuatro días atrás, y cómo solo ellos percibían la diferencia; ni siquiera Puck lo notaba a simple vista. Entonces, Subaru le preguntó a Beako: "¿No ves que yo, aunque todos me ven como Emilia-tan, tengo una cabeza de humano y orejas normales, además de que mi cara es evidentemente masculina? ¿Y Emilia, que está en mi cuerpo, tiene cabello largo, ojos morados y orejas puntiagudas, y su cabeza es la de una chica?"
Beatrice los observó detenidamente. "Yo no veo nada de eso. Yo te veo como la Emilia que siempre he conocido, y a Subaru… pues es Subaru. Quizá cambiaron de almas, pero… ¡no! Eso no podría ser, yo lo notaría. Esto es algo más difícil, pero tú (mirando a Subaru) dices que no eres Emilia, sino Subaru, y tú (mirando a Emilia) dices que no eres Subaru, sino Emilia."
"Así es", respondieron al unísono.
"Bueno," dijo Beatrice, con un suspiro, "si así lo dicen y Puck los respalda, tendré que creerlo. Y supongo que se están preparando para la ceremonia en la Capital de Lugunica. Eso está bien. Trataré de apoyarlos en lo que pueda, aunque no creo ser de mucha ayuda. Pero si quieren hablar y que no los sorprendan, pueden venir a mi Biblioteca." Ambos le agradecieron profundamente, y Beatrice se fue.
Luego, Subaru se desnudó, con un rubor de vergüenza. Emilia lo reprendió, "Oye, es mi cuerpo, lo conozco bastante bien, así que no te avergüences." Aun así, Subaru adoptaba poses un tanto sexys, y Emilia lo regañaba.
Subaru se probó el traje y se veía espectacular. Solo pensó: "Lo que lo arruina es mi cara, pero qué hermoso cuerpo tiene Emilia-tan." Se puso la capa blanca y unos zapatos de tacón a juego, y comenzó a caminar por la habitación. Era más fácil de lo que pensaba; su cuerpo respondía de forma natural a la manera de caminar y moverse, incluso contoneando un poco las caderas sin ser vulgar.
Después, Emilia lo sentó en el taburete y le dijo: "Como esta ceremonia es formal, tendrás que maquillarte." Ella misma comenzó a aplicarle un poco de base, sombras y labial. Al final, no estaba tan mal; ya no se veía como un hombre con cuerpo de mujer. Lo que no sabían qué hacer era con el cabello. No sabían si podía dejarlo así, pero decidieron arriesgarse y pensar que eso se arreglaría solo, ya que, hasta el momento, el cabello corto de Subaru no podía llevar los adornos que Emilia solía usar.
Después de eso, se fueron a dormir.
En cuanto amaneció, Subaru se levantó algo tarde, se vistió y se arregló. Incluso se puso el broche de pelo que Emilia solía llevar, y que se agarró como por arte de magia en su cabello. Él no lo notó, pero se sintió muy natural, como si fuera un instinto del cuerpo de Emilia.
Emilia, por su parte, ya estaba levantada desde temprano, haciendo los quehaceres de Subaru. Ram la regañaba, diciendo que parecía haberse vuelto más torpe.
Subaru llegó con ellos y, haciendo su imitación de Emilia, le dijo a Ram que se llevaría a Subaru, ya que él era su caballero y debía estar con ella para planear el viaje a la Capital de Lugunica a la mañana siguiente. Había cosas importantes que debían hablar.
Ram, haciendo pucheros, los dejó ir, a lo que Emilia le dio las gracias.
Emilia le agradeció a Subaru que la hubiera salvado, que nunca pensó que Ram fuera tan tirana con él. Una vez en la biblioteca de Beatrice, lo primero que acordaron fue dejar de llamarse por sus nombres. A partir de ese momento, ella lo llamaría "Emilia-tan", "Emilia" o "Señorita Emilia", y él a su vez le llamaría "Subaru" o "Subaru-kun". No podían permitirse errores. (Pero nosotros les seguiremos diciendo por sus nombres reales para no causar confusiones y se aclarará en los momentos pertinentes).
Así comenzó la planificación de la visita y la reunión en la Capital de Lugunica. Emilia había supervisado que Subaru se aprendiera el discurso y que lo dijera como si ella misma lo estuviera pronunciando. Subaru debía ser Emilia en cuerpo y alma, y no debía ponerla en vergüenza. Por su parte, Emilia ya sabía qué hacer cuando se topara con los otros caballeros de las otras candidatas, y estaba segura de que ella se comportaría mejor que el Subaru original, sin meterse en peleas con Julius o cualquier otro.
Así partieron hacia la Capital de Lugunica. El viaje duró unas cinco horas, y llegaron exhaustos. A Subaru le dieron una de las mejores habitaciones de la mansión donde se hospedarían, y a Emilia una de las normales para los caballeros de las candidatas.
Al día siguiente, Emilia se coló en el cuarto de Subaru y le ayudó a maquillarse. Subaru se había puesto el traje de gala y se veía espectacular, pero seguía diciendo que su cara lo echaba todo a perder.
Al salir Subaru de la habitación, Ram se quedó con los ojos cuadrados, exclamando: "¡Señorita Emilia, se ve impactante! ¡Nunca la había visto tan hermosa, y el peinado es espectacular!" Lo mismo ocurrió con Roswaal, quien la elogió mucho. Emilia pensaba que esa realidad les hacía creer que Subaru se veía fantástica, aunque no llevara ningún peinado. Por ahí estaba Julius Euclius, quien parecía anhelar tocar su cabello.
Los discursos no se hicieron esperar. Primero, Crusch Karsten, quien lo hizo lo mejor posible a pesar de su pérdida de memoria. Después, Felt, que fue corto y sin mucho vuelo. En tercer lugar, Anastasia Hoshin, como buena comerciante, se centró en lo importante. En cuarto lugar, Priscilla Barielle, cuyo discurso fue algo despectivo, ya que ella cree que el mundo le pertenece. Y por último, Emilia, quien lo hizo muy bien. Subaru se esforzó de verdad, tomando todo lo que sabía de Emilia: poses, sonrisas y tonos de voz.
A todas les aplaudieron, aunque un poco menos a Emilia; la gente seguía con la idea de que era la Bruja de los Celos. Al terminar, hubo una cena donde las candidatas a Reina bailaron con muchas personas. Subaru se sentía muy extraño bailando con tantos señores, la mayoría adultos de más de 35 años y algunos incluso de 70. Pero también bailó con los demás caballeros de las candidatas a Reina: Julius Euclius, Reinhard van Astraea, Wilhelm van Astraea (porque Felix Argyl no quiso bailar con Emilia, a él solo le gusta Crusch), y finalmente, Aldebaran.
Esta prueba la habían superado con creces. Aún seguían en el 70% de recuerdos y personalidades, esa lucha constante por no perderse. Pero Subaru (en el cuerpo de Emilia) no quería olvidar quién era. No quería transformarse en Emilia al 100%. Estaba luchando contra eso, aferrándose a cada rasgo de su propia identidad. Y, aunque no lo habían hablado explícitamente, Emilia (en el cuerpo de Subaru) estaba haciendo exactamente lo mismo. No quería ser Subaru al 100%.
La batalla por sus almas estaba lejos de terminar.
A la mañana siguiente, Emilia y Subaru comenzaron el viaje de regreso a la Mansión Roswaal. En el camino no hablaron demasiado, ya que había más personas en el carruaje y no querían ser descubiertos. Además, siguieron con su personificación en todo momento. En ese viaje, Emilia, en el cuerpo de Subaru, le llamó "Emilia" a Subaru, que estaba en su cuerpo, y viceversa. Las conversaciones transcurrieron con normalidad. Subaru hacía su imitación de chica refinada y platicaba con Roswaal sobre lo que le habían parecido los discursos y la fiesta. Roswaal no dejaba de elogiar a Subaru, pensando que era Emilia. Por su parte, Emilia iba afuera con Otto, quien aprovechó la ocasión para hacer contactos. Era fácil platicar con él, y más cuando Otto le decía a Emilia que había cambiado, pues pensaba que Subaru se había vuelto más refinado y maduro.
En ningún momento, ni Roswaal, ni Ram, ni Otto se dieron cuenta de algo extraño. Para Emilia y Subaru, cada vez era más fácil personificar al otro.
Al llegar a la mansión, Subaru se dirigió a su nueva habitación. Estaba muy cansado, pero quería tomarse un baño antes. No era la primera vez que se había bañado en el cuerpo de Emilia, pero por alguna razón, ahora lo sentía más natural, ya que poseía el 70% de sus memorias y de su personalidad, y no le quedaban ganas de hacer "cochinadas" como en esa primera noche. Ahora era toda una señorita recatada, mas sin embargo…
En ese momento, Subaru se acordó de algo que Emilia tenía guardado en un cajón. Fue como un flash de los recuerdos de Emilia. Era un vestido bastante erótico y que había comprado sin que nadie se enterara. La realidad era que Subaru quería ponérselo. Quería ver cómo se le veía y al mismo tiempo saber cómo se le vería a Emilia, aunque tuviera su fea cabeza.
Cuando se puso el vestido, no lo podía creer. Era hermoso y al mismo tiempo muy sexy. Guardó ese vestido con mucho cuidado; sería su secreto y se lo pondría muy de vez en cuando. Le encantaba cómo lo lucía, pero seguía diciendo lo mismo: "Mi cabeza lo afea". Quizá la próxima vez se maquillaría y compraría una peluca para verse mejor. Subaru no lo sabía, pero empezaba a parecerse más a Emilia, y a gustarle las cosas femeninas como la ropa, los zapatos, la lencería y el maquillaje.
La vida en la mansión Roswaal continuó con normalidad. Subaru seguía haciendo las labores de Emilia sin ningún problema. Y por el otro lado, Emilia hacía las de Subaru, también sin problema. Y aunque ellos no lo notaban, sus estadísticas de la personalidad del otro aumentaban en puntos decimales. Era la realidad que cada día, cada uno de ambos hacía mejor lo que deberían de hacer sus cuerpos.
Casi un mes había pasado desde su cambio de cabezas y de vidas, cuando, al llegar las 3 de la mañana, Subaru estaba jugando con el sexy vestido a ser Emilia. Había comprado una peluca y estaba maquillado, y hablaba con el espejo como lo haría Emilia. Por alguna razón, eso le agradaba; era como ser ella ya que aun estaba consciente en que el era Subaru. Pero de pronto algo pasó: al pasar de las 3 de la mañana, y Subaru frente al espejo, sintió otra vez ese dolor que le había dado el primer día después de su cambio de vida, ese dolor que les dio el 70% de los recuerdos del otro.
Después del dolor, Subaru se quedó con los ojos de plato. No lo podía creer. Su cabello se había transformado; ahora ya no era negro, corto y crespo, ahora tenía una melena de color plateado, larga y sedosa. Aún seguía siendo su cara, pero ahora tenía el cabello de Emilia.
Aún tenía puesta la peluca, pero se la quitó inmediatamente para ver su nuevo cabello. En ese momento, tocaron a su puerta. "Emilia, ¿estás despierta?" Era Emilia, que ya por costumbre usaba los nombres cambiados. Subaru contestó: "Sí, Subaru-kun, estoy despierta. Entra, está abierto."
Emilia entró y estaba muy preocupada, ya que también le había cambiado el cabello; ahora lo tenía negro y crespo como Subaru solía llevarlo. Emilia le preguntó a Subaru si algo estaba pasando, ya que ahora cada uno tenía el cabello del otro, y se preguntaba si al final también sus cabezas terminarían cambiando completamente. Había pasado un mes y nada había pasado, pero ahora…
Subaru no tenía la respuesta a eso, pero lo único que se le ocurrió fue llamar a su querido espíritu Puck. Este, al salir, les preguntó qué pasaba, a lo que ellos respondieron que si se daba cuenta de algún cambio en ellos. Él contestó que no, pero que usaría su magia para ver si algo había cambiado. En ese momento, se sorprendió y les dijo que ellos tenían ya un 80% de la personalidad y los recuerdos del otro. Pero ambos le dijeron que eso no era todo, que también había cambiado algo en sus cabezas que no había pasado antes: ahora Emilia tenía el cabello negro, corto y crespo, y Subaru tenía el cabello largo, plateado y hermoso.
Fue hasta ese momento que Emilia se percató de lo que traía puesto Subaru. E inmediatamente se sonrojó y le dijo: "¿Por qué, Emilia? ¿Por qué? Ese vestido era mi secreto." A lo que el chico contestó que era algo que no podía evitar. Quería ver su hermoso cuerpo con ese traje, pero que no lo había hecho con mala intención. Solamente quería ver qué tan hermosa era ella. Emilia se sonrojó, y también se dio cuenta de que estaba maquillado, pero no quiso indagar más. Solo pensó: "Ese maquillaje y el vestido se me ven muy bien, qué bueno que lo compré, aunque no sea yo quien lo está luciendo." Subaru pensó: "Qué bueno que Emilia no había visto la peluca, pues hubiera tenido más vergüenza."
Puck se empezó a carcajear y les dijo que parecían una pareja de recién casados, que realmente no pasaba nada para él. No había cambiado nada, y que quizá para ellos sería mejor que tuvieran el cuerpo completo del otro, hasta no encontrar una solución. Puck no sabía si seguirían cambiando ni en cuánto tiempo lo harían, pero que al final, quizás se sentirían más cómodos si estuvieran completamente cambiados. Emilia y Subaru le contestaron que no, que ellos no querían perder sus personalidades y que, por lo tanto, harían todo lo posible por evitarlo.
La vida de ambos se había acoplado bastante bien a la de sus cuerpos. Subaru había aprendido a peinarse, cosa que no había necesitado hasta entonces, pues nadie había notado su cabello negro, corto y crespo. Emilia le cedió sus adornos de pelo, los cuales Subaru llevaba con orgullo. Este cambio lo hacía parecerse más a Emilia, y por alguna razón, eso le gustaba. Él se encontraba algunas veces frente al espejo diciendo a sí mismo: "Emilia, eres hermosa, cómo te amo, pero ahora soy Emilia, por lo tanto me amo a mí misma pero también a Subaru."
Subaru, cada día platicaba más con Puck, como siempre lo había hecho Emilia, y había momentos en que olvidaba que él era Subaru y pensaba que realmente era Emilia. Lo mismo le había pasado a Emilia, que a veces olvidaba quién era y hacía sus labores como siempre, entre ellas visitar a Rem, que seguía en coma, y hablar con toda la servidumbre, incluyendo a Ram, Petra, Garfiel, Otto y Frederica.
Sus vidas ya eran bastante normales. No había habido enemigos, y Subaru no había tenido que regresar de la muerte. Beatrice muchas veces los visitaba, pero los trataba con normalidad; hasta parecía que se le había olvidado que alguna vez fueron el otro. Emilia se dio cuenta de que no podía hablar con Subaru sobre el "regreso de la muerte", pues cuando trataba de hacerlo, casi perdía la vida. Subaru le dijo que no se preocupara y que lo dejara en secreto, que él sabía de qué se trataba y que al parecer él podía mantener ese secreto como Emilia.
Otro mes pasó, y lo siguiente que cambió fueron sus orejas, pero esta vez no hubo dolor, quizá una jaqueca, pero como estaban dormidos no lo notaron, hasta el día siguiente. Pero increíblemente, no lo notaron. Subaru se vio al espejo como siempre, no vio lo crecidas que estaban sus orejas que ahora eran de Elfo, y Emilia no notó que ahora tenía orejas pequeñas, de humano.
Solo fue cuando Puck les hizo su prueba mensual. Ellos ya tenían el 90% de los recuerdos del otro, así como su carácter y formas de moverse. Pero no les preocupó mucho; ellos seguían sabiendo que eran el otro, pero ya no les inquietaba tanto. La realidad les estaba ganando.
Sus vidas eran muy apacibles. Emilia siempre invitaba a Subaru a citas, a las cuales él aceptaba como toda una damisela. Iban a pasear, visitaban a los aldeanos, se tomaban de las manos y hasta besos se llegaban a dar.
Realmente cada uno disfrutaba la vida del otro.
Otro mes más pasó, y Subaru, al verse al espejo, notó otro cambio. Ahora sus ojos ya no eran cafés; ahora eran de un color púrpura etéreo, además, con un brillo muy hermoso. Emilia ya no hizo tanto alboroto; parecía que de alguna manera se estaba resignando, y tan solo fue a ver a Subaru después de haber desayunado y le preguntó si se había dado cuenta de que sus ojos habían cambiado. La forma de sus cabezas seguía siendo la misma, pero el hecho de que Subaru ahora tuviera cabello largo, orejas puntiagudas y ojos color púrpura, lo hacían parecerse cada vez más a Emilia. Lo mismo con la chica que, ahora, al tener los ojos de Subaru rasgados y negros, orejas de humano, además de su cabello corto y crespo, hacían que se pareciera más a Subaru, aunque aún hermosa gracias a su rostro.
Emilia seguía siendo hermosa, pero el cambio de los ojos a más pequeños y rasgados de color café, y su cabello crespo, corto y negro, además de que sus orejas ahora eran humanas, la hacían verse un poco extraña pero aún hermosa. Según Puck, el cambio de sus personalidades estaba llegando al 95%, y esto era realidad, ya que cada uno estaba haciendo sus tareas perfectamente, como el otro. Ya no había ningún atisbo de las personas que fueron.
Muchas veces terminaban en el cuarto de Subaru, sentados cerca uno del otro, platicando su día a día besándose, y llevando el rol que debería ser del otro.
Otro mes pasó y el último cambio vino. Sus rasgos cambiaron por completo. Ahora Subaru era realmente Emilia en todos los aspectos, y Emilia ya era Subaru en todos los aspectos. Puck pensó que esto era lo mejor que les podía pasar y olvidar toda la pesadilla que habían vivido en casi medio año, pero realmente eso no era todo. Algo más iba a pasar, ya que la pócima que cambiaba realidades no funcionaba así.
Emilia y Subaru ya no recordaban quiénes habían sido. Subaru era realmente Emilia, y había olvidado todo acerca de su vida en la Tierra, el regreso a la muerte y todo lo que tuviera que ver con Natsuki Subaru. Lo mismo con Emilia, olvidó todo acerca de su ser, y ahora solo ella era Subaru.
Continuará…
lunes, 28 de julio de 2025
La Maldición de la Belleza Ajena
domingo, 27 de julio de 2025
Akuyaku Reijō Tensei Oji-san perdida de control
Pero ahora, un año después, el juego había avanzado, y con él, la "pubertad" de Grace había entrado en acción con una fuerza arrolladora. Los cambios no eran solo físicos; eran una avalancha de nuevas sensaciones, emociones y, para su horror, deseos que no eran suyos. Kenzaburo seguía siendo un hombre, y su tendencia natural era mirar a las mujeres. Sin embargo, en el cuerpo de Grace, la línea entre sus propios deseos y los impulsos del cuerpo se desdibujaba peligrosamente.
El primer golpe vino con Anna Doll. Anna, que en la historia original de Magical Academy debía ser una rival para Grace, se había convertido en su confidente más cercana. Y ahora, Anna se estaba enamorando de Grace. Al principio, Kenzaburo sentía una extraña repulsión mezclada con una incómoda fascinación. Una joven sintiéndose atraída por él, que era una joven. Era antinatural, o al menos así lo pensaba su mente de hombre. Pero cuando Anna le sonreía con sinceridad, o le tomaba la mano en un gesto de amistad, el cuerpo de Grace respondía con un rubor incontrolable y una extraña calidez en el pecho. Kenzaburo luchaba por sofocar un suspiro que no era suyo, o una risa dulce que Grace habría soltado.
Luego, llegaron los protagonistas masculinos. Virgile Vierge, el príncipe estoico; Richard Verseau, el seductor; Pierre Gemeaux, el brillante intelectual; Lambert Balance, el protector silencioso... Y demás personajes masculinos de la academia. Todos, uno a uno, empezaban a sentir cosas por Grace. Kenzaburo, en su mente, intentaba distanciarse, verlos como meros personajes de IA. Pero el cuerpo de Grace reaccionaba. Un cumplido de Virgile, una mirada intensa de Richard, un gesto de apoyo de Lambert, provocaban un palpitar en su pecho que él no podía controlar. Y lo más aterrador: una parte de Kenzaburo, la parte que se estaba fusionando con Grace, comenzaba a encontrar esos gestos... atractivos.
Grace empezaba a tener problemas en distinguir si era Grace o Kenzaburo. Las atracciones que surgían, primero por Anna, ahora también por sus compañeros masculinos, eran demasiado confusas. La personalidad de Grace, esa "villana" que en realidad era una joven incomprendida, estaba absorbiendo la esencia de Kenzaburo.
Cada día, Kenzaburo se encontraba actuando más femenino, más dulce y más adorable. Respondía a los cumplidos con una gracia natural, sus gestos se volvían más delicados, su voz, que antes había intentado mantener neutra, ahora sonaba meliflua y encantadora. Ya no tenía que "esforzarse" para ser Grace; el cuerpo lo hacía por él, y una parte de él ya no quería luchar. Los recuerdos de su vida como Kenzaburo Tondabayashi, el empresario, el hombre, se sentían cada vez más distantes, como un sueño borroso. La vida en la academia, las preocupaciones del club de magia de Grace, los chismes, las competiciones... todo eso se sentía más real.
¿Qué haría? La pregunta resonaba en lo que quedaba de la mente de Kenzaburo. Pero la respuesta ya no era suya, sino una compleja amalgama. Estaba perdiendo su identidad, no por coacción, sino por una fusión inevitable de cuerpo y alma. La estrategia había fracasado. El control se había desvanecido. En un momento de claridad, mientras Virgile le ofrecía una flor recién florecida, Kenzaburo sintió un genuino rubor y un deseo incipiente de tomar su mano.
Kenzaburo Tondabayashi, el hombre que había desafiado a la muerte, estaba cediendo. No había escapatoria. No quedaba más que abrazar su nueva realidad. La vida de Grace Auvergne se había convertido en la suya. Y si el juego dictaba que ella se enamorara, o que fuera el centro de afecto, Kenzaburo ya no podía resistirse. Se inclinaría hacia la persona que ahora era, una villana redimida, adorada por todos, y con un corazón que ya no distinguía entre géneros, solo sentía. La desgracia no era el final malo del juego, sino la pérdida completa de sí mismo.
Para Kenzaburo, sumido en la confusión de sus nacientes sentimientos y la creciente atracción hacia Virgile, todo parecía perdido. La línea entre su antigua identidad y la de Grace se había difuminado hasta casi desaparecer. Sin embargo, en el mundo real, el tiempo transcurría a un ritmo diferente. Tan solo habían pasado unos cuantos días desde que su alma había sido proyectada al juego, días cruciales en los que su hija, Hinako Tondabayashi, absorta en sus exámenes finales, no había podido acceder a Magical Academy: Love & Beast.
Cuál fue su sorpresa cuando, finalmente libre de la presión académica, Hinako encendió la consola y se sumergió en el juego para ver cómo progresaba la "partida" de su padre. La escena que la recibió la dejó boquiabierta. Grace Auvergne, con la inconfundible melena rubia platino y los ojos amatista que ahora conocía tan bien, estaba a centímetros de besar al príncipe Virgile Vierge bajo la luz de la luna virtual.
Hinako, una joven con una mente abierta y una afición secreta por el BL (Boys' Love), sintió una punzada inicial de emoción y sorpresa. "¡Papá!", pensó, con una mezcla de asombro y ligero orgullo. Pero la realización la golpeó con la rapidez de un rayo. Su padre no era Grace; él estaba en el cuerpo de Grace. Ese no era un romance entre dos apuestos jóvenes, sino la psique de su padre a punto de sucumbir a la narrativa del juego.
Reaccionando con la velocidad de un ninja digital, Hinako tomó el control. Los menús del juego danzaron ante sus dedos mientras buscaba desesperadamente la opción de "mensaje directo" a Grace. Tecleó frenéticamente, las palabras brotando de su preocupación: "¡Papá! ¡¿Qué estás haciendo?! ¡No deberías besarlo! ¡Recuerda, eres Grace! ¡Si sigues así, podrías terminar con el final de la Reina! ¡Casada con Virgile y teniendo que dar a luz a sus bebés! ¡Seguro que no quieres eso!"
En ese instante virtual, en el clímax de una escena romántica cuidadosamente programada, algo en la mente de Kenzaburo hizo clic. La voz aguda y familiar de Hinako resonó en su conciencia como una campanada que lo despertaba de un sueño profundo. La imagen de Virgile se desdibujó, reemplazada por una punzante sensación de irrealidad. "Dar a luz... bebés...", la idea, filtrándose a través de la confusión hormonal de Grace, le resultó grotesca y cómica a la vez.
Con una frase que habría sido perfectamente natural en boca del viejo Kenzaburo Tondabayashi, aunque sonara extraña en los delicados labios de Grace, exclamó con repentina convicción: "Aún no estamos listos. Dame más tiempo." Y con una agilidad sorprendente, impropia de la languidez que lo había embargado, Grace se alejó del desconcertado príncipe, corriendo a través de los jardines virtuales hasta llegar a su habitación en la residencia de la academia.
Kenzaburo se dejó caer sobre la cama virtual, su corazón latiendo con fuerza. La intervención de Hinako lo había salvado, al menos por ahora. Pero la pregunta lo carcomía: ¿podría su hija mantenerlo a raya para siempre? La pubertad de Grace era una fuerza poderosa, y su propia voluntad parecía cada vez más débil ante la influencia del cuerpo y la narrativa del juego.
El destino de Kenzaburo en el cuerpo de Grace pendía de un hilo digital. Hinako era su ancla con el mundo real, pero ella no siempre podría estar ahí, con los dedos listos sobre el teclado. ¿Sucumbiría finalmente a los encantos virtuales de la academia y perdería por completo su identidad? ¿O encontraría una manera de resistir la influencia del juego y, quizás, incluso encontrar un camino de regreso a su propia vida, dejando atrás el cuerpo de la adorable pero problemática villana? El juego, para Kenzaburo Tondabayashi, apenas había comenzado.
¿Continuamos? o se queda así. Comenta para saber
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