El Despertar de la Flor de Plata
Francisco siempre sintió que su vida era un traje que no
terminaba de ajustarle bien. A sus 58 años, el espejo le devolvía la imagen de
un hombre sólido, soltero y funcional, pero en la intimidad de su alcoba, el
roce de la seda y el brillo de unos tacones eran los únicos fragmentos de una
felicidad que nunca se atrevió a reclamar. Él no odiaba ser hombre, pero amaba
la idea de ser mujer con una intensidad que lo dejaba sin aliento.
Esa tarde, el destino decidió que ya había esperado
suficiente.
El chirrido del metal contra el asfalto fue el primer
aviso. El tráiler bajaba la pendiente como una bestia desbocada. A pocos
metros, una niña pequeña —extrañamente pálida y de cabellos brillantes—
observaba el camión con curiosidad, no con miedo. Francisco no lo pensó. Su
cuerpo, cansado por los años, respondió con una agilidad que no sabía que
poseía. El empujón fue certero; la pequeña rodó hacia la acera. Lo último que
Francisco sintió fue una presión inmensa y un silencio blanco.
El Umbral Azul
—Técnicamente, no deberías haber podido tocarla —dijo
una voz melodiosa y algo burlona.
Francisco abrió los ojos. No había dolor. Se encontraba
en un espacio infinito, donde el suelo parecía agua estática y el cielo era de
un azul eléctrico. Frente a él, sentada en un trono de nubes, estaba una mujer
de una belleza sobrenatural, vestida con túnicas color azul celeste.
—Me llamo Índigo —se presentó ella, jugueteando con un mechón
de su pelo—. Soy la guardiana de las princesas del cielo. La pequeña que
salvaste es una de mis protegidas más… escurridizas. Se escapó para ver cómo
era el asfalto humano. Si ella hubiera muerto, el equilibrio se habría roto. Me
has ahorrado un papeleo cósmico, Francisco.
Francisco trató de hablar, pero su voz sonaba lejana.
—¿Estoy muerto?
—Tu cuerpo quedó… bueno, digamos que el tráiler ganó —dijo Índigo con una
mueca de simpatía—. No puedo devolverte a tu mundo, pero como recompensa por
salvar a la realeza celestial, te concederé un deseo. El que quieras.
Francisco sintió que el corazón, o lo que fuera que
tuviera ahora, le daba un vuelco. Recordó las tardes viendo anime, los mangas
de fantasía y, sobre todo, el anhelo secreto de su alcoba.
La Petición de Francisco
—Quiero ser una elfa —dijo, y por primera vez en 58 años, su voz no
tembló al expresar su deseo—. Quiero vivir en un mundo de magia y fantasía.
Deseo tener el poder suficiente para defenderme sola y nunca más sentir miedo.
Pero sobre todo… quiero vivir muchos años y disfrutar de mi feminidad. Quiero
recorrer el mundo, ser libre, ayudar si quiero o simplemente descansar bajo un
árbol. Quiero vivir todas las facetas que la vida de hombre me negó.
Índigo sonrió, y en sus ojos brilló una chispa de
travesura. —Una vida larga para un alma que apenas comienza a florecer. Me
parece justo. Concedido, Francisco. O debería decir… ¿cómo te llamarás ahora?
El contestó: Elara.
Antes de que pudiera responder, una luz cálida lo
envolvió. Sintió cómo su estructura ósea se volvía más fina, cómo su piel se
suavizaba y cómo su percepción del mundo se agudizaba hasta límites imposibles.
El Despertar
El primer
sentido en regresar fue el olfato: el aroma a pino húmedo, flores silvestres y
tierra fértil. Luego, el tacto. Francisco —no, ella— sintió la suavidad de la
hierba bajo sus dedos. Pero lo que más le impactó fue la sensación de su propio
cuerpo. Se sentía ligera, ágil, y una extraña energía cálida recorría sus venas
como un río de luz.
Se sentó
con una gracia que antes le era ajena. Sus manos eran largas, delicadas y de
una piel perfecta. Al tocarse el rostro, sus dedos se encontraron con el final
puntiagudo de sus orejas. Una risa cristalina, que no reconoció como propia
pero que amó al instante, escapó de sus labios.
Caminó
hacia un pequeño arroyo cercano. El reflejo en el agua le devolvió la imagen de
una criatura sublime: cabello plateado que caía como una cascada, ojos de un
verde esmeralda profundo y una figura que encarnaba la elegancia que siempre
había admirado en las vitrinas de las tiendas de ropa femenina.
Estaba
vestida con una túnica ligera de seda élfica, pero en su mente ya estaba
planeando cómo sería su primer par de botas de tacón de cuero fino, o cómo se
sentiría el encaje contra su nueva piel. Tenía todo el tiempo del mundo.
—Adiós,
Francisco —susurró, viendo su reflejo—. Hola... Elara.
Capítulo 2: El Espejo de Agua y el Silencio Interior
(Voz interior de Paco): «Bien, Paco, calma. Eres una elfa. Una elfa hermosa. Índigo lo dijo. Respira... bueno, respira como sea que respire una elfa. No puedo creerlo. Estoy... estoy viva. O algo así. Pero, ¿por qué todo se siente tan... real? La hierba bajo mis pies es tan suave, el aire huele tan limpio. Pero tengo miedo de moverme demasiado. Miedo de... romper algo. O de tocar algo que no deba».
Elara se levantó del suelo con una lentitud exagerada, como si temiera que sus largas extremidades no la obedecieran. Su túnica de seda élfica, aunque sencilla, se sentía increíblemente sensual contra su piel. Su piel. La idea le provocó un escalofrío que no pudo descifrar si era de terror o de pura excitación contenida.
Siguiendo el murmullo del agua, caminó entre los árboles centenarios hasta llegar a la orilla de un lago. No era un lago cualquiera; el agua era tan cristalina que el fondo, cubierto de guijarros de colores, parecía estar a centímetros de la superficie. Pero lo que detuvo su respiración fue el reflejo que la esperaba.
Se arrodilló lentamente, con una gracia instintiva que su mente masculina aún no terminaba de asimilar. El rostro que vio en el agua no era el suyo. Era un rostro de pómulos altos y definidos, nariz delicada, y unos ojos verde esmeralda que brillaban con una luz propia. Su cabello plateado caía como una cascada de luna sobre sus hombros. Alargó una mano temblorosa hacia el agua, y la imagen se rompió en ondas. Se llevó las manos a la cara, tocando sus mejillas, sus labios... eran tan suaves, tan perfectos.
(Voz interior de Paco): «¡Dios mío! Soy... soy preciosa. Más hermosa de lo que jamás imaginé. Y ese cuerpo... la túnica se ajusta a una cintura tan fina, y esas curvas... Pero... no, no puedo. Me da vergüenza incluso pensar en tocarlos. Sigo siendo Paco, ¿verdad? Paco, el tipo que nunca tuvo suerte con las mujeres. Y ahora... ahora soy una de ellas. La más bonita que he visto nunca. Tengo que vestirla. Tengo que cubrir esta belleza antes de que yo mismo me rinda ante ella».
Se puso en pie rápidamente, su corazón latiendo con una fuerza que le resultaba extraña. Necesitaba salir de ese paraíso solitario, necesitaba gente, ruido, algo que la distrajera de su propio cuerpo. Necesitaba ropa. No la túnica sencilla que llevaba, sino algo que gritara su nueva feminidad al mundo, algo que se adaptara a este mundo de magia pero que también satisficiera sus más profundos deseos de elegancia y sensualidad.
Divisó un camino polvoriento que serpenteaba a lo lejos y, sin pensarlo dos veces, se dirigió hacia él. Sus piernas largas y ágiles la llevaban con una rapidez sorprendente. El silencio seguía reinando a su alrededor, y ella tampoco lo rompió. Todavía no estaba lista para escuchar el sonido que saldría de esa garganta delicada. Todavía era Paco, en un cuerpo de diosa, buscando un lugar donde su sueño pudiera, al fin, vestirse de realidad.
Capítulo 3: El Sistema y el Pudor Élfico
Elara caminaba por el sendero, sintiendo cada soplo de
viento en sus largas piernas. La túnica de seda, aunque hermosa, era de un
tejido casi etéreo que se adhería a sus curvas con cada movimiento. Para ella,
acostumbrada a las pesadas telas del mundo humano, se sentía prácticamente
desnuda.
(Voz
interior de Paco): «¡Por todos los cielos! Siento que si el viento sopla un
poco más fuerte, voy a quedar expuesta ante todo el bosque. ¿Nadie usa unos
jeans aquí? ¿O al menos una gabardina? Me siento... demasiado libre.
Demasiado... sexy. Es vergonzoso».
Justo cuando estaba a punto de intentar cubrirse con las
manos, una luz tenue brilló frente a sus ojos. Una pantalla traslúcida, similar
a la interfaz de un juego, flotó en el aire:
[
ESTADO DEL PERSONAJE ]
·
Nombre: Elara
·
Raza: Élfica
·
Edad: 121 años (Equivalente a una joven adulta en
plenitud)
·
Nivel: 1 | Nivel Mágico: 1
·
Magia: Todas las afinidades desbloqueadas.
·
Idiomas: Omnilingüismo (Comprensión total).
[
NOTAS Y BENDICIONES ]
·
Gracia Divina: Belleza de grado trascendental.
·
Metamorfosis Limitada: Capacidad de cambiar a otras
formas femeninas (duración media).
·
Crecimiento: Magia x5 / Físico x2.
·
Aura de Carisma: Amistad instantánea con el 80% de los
seres (Excepto malvados, demonios o magos oscuros y gente muy poderosa).
Elara parpadeó. ¿121 años? Se sentía de 20. ¿Crecimiento
acelerado? Y lo más importante: "Belleza increíble". Se detuvo un
segundo, procesando que su deseo de ser una elfa poderosa y libre se había
materializado con esteroides.
Con un suspiro de alivio al saber que al menos podía
entender a la gente, divisó a lo lejos una caravana de carromatos de madera
reforzada, tirados por bestias que parecían una mezcla entre bueyes y
antílopes. Eran comerciantes.
Al acercarse, el corazón le dio un vuelco. Un grupo de
hombres y mujeres con armaduras ligeras y ropas de viaje custodiaban los
carros. Al verla aparecer entre los árboles, todos se detuvieron en seco. Elara
se tensó, cruzando los brazos sobre su pecho, esperando miradas de juicio o
lascivia por su escasa vestimenta.
Sin embargo, la reacción fue opuesta. Los guardias
bajaron sus lanzas y el líder de la caravana, un hombre robusto de barba
canosa, se quitó el sombrero con un gesto de profundo respeto y una sonrisa
genuina.
—¡Saludos, noble dama del bosque! —exclamó el hombre
con alegría—. Es un honor ver a una de los Primeros Nacidos tan cerca del
camino real. ¿Os habéis extraviado o buscáis comerciar?
Elara se quedó muda. No solo no la miraban con morbo,
sino que la miraban con la admiración que se le tiene a una obra de arte o a un
ser superior. Para ellos, su túnica translúcida era simplemente "moda
élfica", natural y elegante.
(Voz
interior de Paco): «¡Me habló! Y... me llamó "dama". ¡Cálmate, Paco!
O Elara... o quien sea. Tengo que responder. Pero... ¿cómo va a sonar mi voz?
¿Y si sale un gallo? ¿Y si sigo sonando como un señor de Xochimilco? ¡Qué
nervios!».
Elara abrió la boca, intentando articular palabra por
primera vez en este mundo. Su garganta se sentía pequeña, delicada. Tomó aire,
miró al comerciante a los ojos —aprovechando ese 80% de carisma a su favor— y
finalmente dejó salir el aire.
Capítulo 4: La Melodía de una Nueva Identidad
Elara tomó aire, cerró los ojos un segundo y dejó que las palabras fluyeran.
—Saludos... —dijo finalmente.
Al escuchar su propia voz, Elara casi tropieza. No era la voz profunda y algo rasposa de Francisco; era un sonido cristalino, como el roce de dos copas de fino cristal o el murmullo de un arroyo en primavera. Era una voz puramente femenina, musical y vibrante.
Los comerciantes y guardias se quedaron inmóviles. Los hombres la miraban con una reverencia casi religiosa, sin rastro de malicia, hechizados por su carisma natural. Las mujeres de la caravana, lejos de sentir envidia, se acercaron con sonrisas cálidas, como si acabaran de encontrar a una hermana perdida que necesitaba protección.
—He salido a explorar el mundo —continuó Elara, ganando confianza al notar que nadie se reía de ella—. Ya tengo edad suficiente para ver qué hay más allá de los bosques... pero confieso que me he perdido un poco. Me gustaría llegar a la aldea más cercana.
(Voz interior de Paco): «¡Wow! ¡Esa soy yo! Bueno, esa es mi voz. Suena... hermosa. Casi me dan ganas de llorar. Pero sigo sintiéndome muy expuesta con esta túnica. ¡Necesito ropa de verdad!»
Rápidamente, Elara visualizó su Bolso Mágico. En su mente apareció un inventario: 50 monedas de oro, 200 de plata y un puñado de cobre. ¡Era rica para los estándares de este mundo!
—Veo que traen mercancías —dijo Elara, señalando los baúles—. Me gustaría viajar con ustedes y pagarles por el transporte. Y, si no es mucha molestia, quisiera comprar algo de ropa... algo que me haga sentir un poco más al estilo de los humanos. Esta seda es... algo reveladora para mi gusto.
Al oír la palabra "ropa", tres mujeres de la caravana se adelantaron con los ojos chispeantes.
—¡Oh, querida! —dijo una de ellas, tomándola suavemente del brazo—. Con esa percha, cualquier cosa te quedará como a una diosa. ¡Ven, entra en la carreta principal!
El Probador de Sueños
Dentro de la carreta, rodeada de telas, encajes y el aroma a lavanda, Elara experimentó lo que Paco solo había podido imaginar en sus fantasías más privadas. Las mujeres empezaron a sacarle vestidos, ajustadores y accesorios.
Aunque todavía sentía esa punzada de vergüenza cuando las mujeres la ayudaban a cambiarse, el sentimiento de felicidad empezaba a ganarle la batalla al pudor. Ver cómo las telas acariciaban su nueva piel y cómo su figura resaltaba con cada prenda era una satisfacción que Francisco nunca pudo explicar.
Finalmente, tras probarse varios conjuntos, Elara salió de la carreta ante la mirada expectante del resto de la caravana.
Llevaba un vestido blanco de seda reforzada, con un corpiño bordado que resaltaba su fina cintura y una falda con vuelo que llegaba justo a sus tobillos. En sus pies, unas zapatillas de tacón blanco, hechas de un cuero flexible que parecía amoldarse mágicamente a su empeine. Para coronar el conjunto, un sombrero de ala ancha decorado con una cinta celeste, que le daba un aire de elegancia y misterio.
El líder de la caravana se quedó sin palabras. Elara ya no parecía una "ninfa salvaje", sino una dama de la alta nobleza en un viaje de placer.
(Voz interior de Paco): «¡Esto es! Los tacones... el peso de la falda... el sombrero. Me siento... completa. Paco habría dado todo por ver esto, pero ahora yo lo estoy viviendo».
—Está... está usted radiante, señorita Elara —alcanzó a decir el líder—. Será un honor escoltarla hasta la Ciudad de los Tres Robles.
El Reflejo de la Perfección: Retrato de Elara
Al verse de cuerpo completo, Elara siente un vuelco en el corazón. La imagen que le devuelve el espejo es la de una mujer que parece tallada en luz y elegancia.
Su Rostro y Rasgos Únicos: Su cara tiene una forma ovalada perfecta, con una mandíbula delicada y pómulos sutilmente altos que le dan un aire de nobleza natural. Su piel es de un tono porcelana, tan suave que parece emitir un brillo tenue. Sobre el puente de su nariz pequeña y recta, salpican unas pequeñas y finas pecas doradas, como polvo de estrellas. Pero el detalle que más cautiva es un pequeño lunar oscuro en forma de estrella de cinco puntas, ubicado justo debajo de su ojo izquierdo, dándole un toque de misticismo y picardía a su mirada. Sus ojos son grandes, almendrados y de un verde esmeralda tan profundo que parecen contener la sabiduría de los bosques. Sus orejas, largas y elegantemente puntiagudas, asoman entre su sedoso cabello plateado que cae en ondas perfectas hasta su cintura.
Su Cuerpo y Medidas: Elara posee una figura que es el equilibrio exacto entre la fragilidad de un hada y la presencia de una reina. Mide aproximadamente 1.75 m, con unas piernas interminables y torneadas que terminan en unos pies delicados, ahora realzados por las zapatillas de tacón blanco. Sus medidas son armoniosas y clásicas: una cintura de avispa que resalta gracias al corpiño del vestido, caderas suavemente redondeadas que le dan un movimiento rítmico al caminar, y un busto firme y proporcionado que llena con elegancia el escote cuadrado de su traje. Sus manos son largas, con dedos finos y uñas que parecen perlas naturales. Cada vez que se mueve, lo hace con una fluidez casi líquida, como si no pesara nada sobre el suelo.
El Conjunto Final: El vestido blanco de seda, con sus mangas abullonadas y encajes en los puños, contrasta maravillosamente con su piel clara y su pelo platino. El sombrero de ala ancha proyecta una sombra suave sobre sus ojos, haciendo que el lunar de estrella resalte aún más.
(Voz interior de Paco): «No puede ser... No soy yo, pero a la vez, siempre fui yo. Esa mujer... es la mujer más hermosa que he visto en mi vida. Y esas pecas... ese lunar... son detalles que ni en mis mejores sueños imaginé. Me dan ganas de tocar el cristal para ver si es real. Elara... mi nombre es Elara, y por fin puedo decir que me amo a mí misma».
El momento en que Elara descendió de la carreta quedó grabado en la memoria de todos los presentes como si el mismo sol hubiera bajado a caminar sobre la tierra. El silencio no fue incómodo; fue un tributo, una pausa necesaria del universo para asimilar tanta belleza.
Capítulo 5: El Ídolo de la Caravana
Cuando Elara puso un pie en el escalón de madera, el leve "clic" de su tacón blanco contra la tabla sonó como una nota musical. Al salir por completo, ajustándose el ala de su sombrero con una gracia natural, el mundo pareció detenerse.
Los hombres de la escolta, guerreros curtidos por el sol y el acero, sintieron que sus corazones daban un vuelco sincronizado. No era un deseo vulgar o carnal; era algo mucho más profundo y doloroso. Al mirarla —con su piel de porcelana, sus pecas de estrella y ese lunar místico bajo el ojo—, cada uno de ellos sintió que Elara representaba todo lo hermoso que alguna vez habían soñado y que jamás podrían alcanzar. Se convirtió instantáneamente en un amor platónico: una musa por la que darían la vida sin esperar siquiera una mirada a cambio, sabiendo que un ser así de divino pertenecía a las leyendas, no a hombres comunes como ellos.
Las mujeres de la caravana, por otro lado, experimentaron un instinto de protección feroz. Al verla tan perfecta, pero a la vez notando esa sutil timidez que Elara no podía ocultar (el rastro de Paco que aún temblaba en su interior), sintieron que debían ser su escudo. Querían peinar ese cabello plateado, elegir sus vestidos cada mañana y asegurarse de que ningún mal tocara jamás esa piel de seda. En sus ojos había una admiración fraternal; querían ser sus sombras, sus confidentes, sus mejores amigas para siempre.
—Por los dioses... —susurró el capitán de la guardia, hincando una rodilla en tierra casi por instinto—. Si el mundo supiera que tal belleza camina por estos senderos, las guerras se detendrían solo para verla pasar.
Elara se sonrojó violentamente. Ese tono carmín subiendo por sus mejillas, resaltando el lunar en forma de estrella, solo sirvió para hacerla ver diez veces más encantadora.
(Voz interior de Paco): «¡Tierra, trágame! Me miran como si fuera una aparición. El capitán se arrodilló... ¡un capitán de verdad! Siento que si doy un paso en falso me voy a desmayar, pero estos tacones me hacen sentir tan alta, tan... poderosa. Es extraño. Me gusta que me miren así, pero a la vez quiero esconderme en mi sombrero. Soy Elara... tengo que actuar como Elara».
—Por favor, levántense —dijo Elara con esa voz que sonaba a arpa celestial, extendiendo una mano delicada—. Solo soy una viajera que busca conocer su mundo. No soy una diosa... aunque les agradezco profundamente su amabilidad.
El grupo se movilizó de inmediato, pero con una energía nueva. Ya no era un simple viaje comercial; ahora era una misión sagrada. Los hombres revisaban sus armas con doble celo y las mujeres se turnaban para ofrecerle agua fresca, frutas seleccionadas y cojines de plumas para que el viaje fuera lo más cómodo posible.
Mientras la caravana se ponía en marcha hacia la Ciudad de los Tres Robles, Elara se sentó en la parte trasera de la carreta principal, dejando que sus piernas colgaran un poco, disfrutando del vaivén de sus zapatillas blancas y de la brisa que agitaba su falda.
Capítulo 6: Elara Bajo las Estrellas
El sol se ocultó tras las colinas de color púrpura, y la caravana se detuvo en un claro protegido por robles centenarios. Mientras los hombres encendían las fogatas y las mujeres preparaban el guiso, Elara observaba todo desde su rincón.
(Voz interior de Paco): «Bien, Elara... respira. No quiero ser una princesa de porcelana que no rompe un plato. Me gusta esa energía de la chica de la granja... alegre, servicial, un poco ingenua pero con los pies en la tierra. Sí, eso se siente más como yo. Menos "diosa inalcanzable" y más "la chica que todos quieren cuidar"».
Decidida a no quedarse de brazos cruzados, Elara se levantó. El roce de sus tacones blancos sobre la tierra seca le daba un ritmo especial a su caminata. Se acercó a la hoguera principal donde una mujer mayor, llamada Martha, batallaba con un pesado caldero.
—¿Puedo ayudarle en algo, señora Martha? —preguntó Elara, inclinando la cabeza con una sonrisa dulce que hizo que sus pecas bailaran bajo la luz del fuego.
—¡Oh, señorita Elara! No debería molestarse, sus manos son demasiado finas para...
—Para nada —interrumpió Elara con una risita cristalina, recordando la actitud de la vaquera—. Me gusta sentirme útil. No quiero ser una carga, quiero ser parte del grupo.
Se remangó delicadamente las mangas de seda de su vestido blanco, revelando sus antebrazos de piel perfecta, y empezó a ayudar a repartir los cuencos de madera. Su movimiento era ágil y despreocupado. A veces se le escapaba un pequeño tarareo, una melodía que Paco recordaba de sus bandas de rock progresivo favoritas, pero que en su nueva voz sonaba como un himno celestial.
Los hombres, sentados alrededor del fuego, no podían dejar de mirarla. Ella no los ignoraba con altivez; les sonreía, les preguntaba por sus familias y les servía la cena con una amabilidad que los dejaba desarmados. Había algo en su forma de sentarse —un poco menos rígida, más relajada, casi como una chica de campo que disfruta del aire libre— que la hacía ver doblemente atractiva.
(Voz interior de Paco): «Me encanta esto. Ver cómo se iluminan sus caras cuando les sonrío... me hace sentir... poderosa, pero de una forma bonita. No es manipulación, es... cariño. Por primera vez en 58 años, no soy el espectador de la vida. Soy el centro de ella».
El Momento Mágico
De pronto, un silencio cayó sobre el grupo. Elara se dio cuenta de que todos esperaban algo de ella. Como si su sola presencia exigiera una señal de ese mundo místico del que provenía.
Recordando su Crecimiento Mágico x5, Elara extendió su mano derecha hacia las brasas de la fogata. No quería quemarse, así que solo pensó en "calidez y luz".
De la punta de sus dedos brotaron pequeñas esferas de luz dorada que empezaron a flotar alrededor del fuego, como luciérnagas mágicas que seguían el ritmo de su respiración. El lunar en forma de estrella bajo su ojo pareció brillar con una luz propia por un segundo.
—Es... es magia de luz —susurró uno de los jóvenes guardias, con los ojos como platos—. ¡Es la bendición de los dioses!
Elara se sonrojó, bajando un poco el ala de su sombrero, ocultando sus ojos verdes tras el cabello plateado.
—Solo es un pequeño truco para alegrar la noche —dijo con timidez, volviendo a esa personalidad de chica sencilla que tanto le gustaba—. El mundo es demasiado hermoso como para que esté a oscuras, ¿no creen?
Esa noche, nadie en la caravana soñó con tesoros ni con tierras lejanas. Todos soñaron con la elfa del vestido blanco que servía sopa y hacía bailar a las luces.
Capítulo 7: El Consejo de la Guardiana y el Bautismo de Fuego
La noche en el campamento era serena, pero la mente de Elara era un torbellino. Al cerrar los ojos, envuelta en las mantas de piel que las mujeres le habían preparado con esmero, no cayó en la oscuridad, sino que regresó al espacio de auroras boreales.
Índigo estaba allí, sentada sobre una nube de color lavanda, balanceando sus piernas y comiendo lo que parecía una manzana de cristal.
—Vaya, vaya... —dijo la guardiana con una risita traviesa—. Te sienta bien el blanco, Elara. Y ese lunar de estrella... un toque magistral de los dioses, ¿no crees?
(Voz interior de Paco): «Índigo... gracias. Me siento... no sé cómo explicarlo. Es como si siempre hubiera sido ella. Pero tengo miedo. Siento una energía en mis manos que no sé controlar».
—Escucha bien, pequeña chispa —dijo Índigo, volviéndose repentinamente seria—. Tienes el poder de todas las escuelas de magia, pero tu mente aún piensa como un humano de 58 años que teme romper las cosas. En este mundo, la magia es intención. Si quieres proteger esa calidez que has encontrado en la caravana, no dudes. Tu crecimiento X5 hará que lo que pienses se manifieste con una fuerza devastadora. No tengas miedo de ser poderosa; tienes la eternidad para aprender a ser delicada.
El Despertar del Peligro
Elara despertó de golpe. El instinto élfico, agudo y salvaje, le gritó que algo andaba mal. Fuera de la carreta, el crujido de una rama y el brillo metálico de una daga bajo la luna confirmaron sus sospechas. Un grupo de mercenarios, hombres de ojos hundidos y almas podridas (ese 20% inmune a su carisma), se deslizaba entre las sombras para capturarla.
Cuando el primer bandido apartó la cortina de la carreta con una sonrisa lúgubre, Elara no gritó. Se puso en pie, su vestido blanco resplandeciendo en la penumbra, y frente a ella, una pantalla de sistema se materializó con un sonido de campana electrónica:
[ MENÚ DE COMBATE - NIVEL 1 (EVOLUCIÓN X5) ]
Rama de Viento: Vendaval Cortante (Rango: Área | Efecto: Expulsión y corte).
Rama de Fuego: Ímpetu Ígneo (Rango: Proyectil | Efecto: Quemadura sagrada).
Combo Desbloqueado: Tormenta de Brasas (Viento + Fuego).
Aviso: Debido a tu crecimiento acelerado, el coste de maná es despreciable. ¡Usa tu voluntad!
El bandido se lanzó hacia ella, pero Elara extendió su mano izquierda. Su voz, ahora firme y autoritaria como la de una reina, rompió el silencio de la noche:
—¡Vendaval!
No fue una brisa. Fue una explosión de aire comprimido que lanzó al hombre fuera de la carreta, atravesando la lona y mandándolo a diez metros de distancia contra un árbol. Elara saltó fuera del carruaje con una agilidad sobrehumana, sus tacones blancos apenas tocando el suelo.
Los demás mercenarios se agruparon, desenvainando espadas. Los guardias de la caravana despertaron alarmados, pero antes de que pudieran intervenir, vieron a Elara elevarse unos centímetros sobre el suelo, su cabello plateado flotando como si estuviera bajo el agua.
—¡Atrás! —ordenó Elara a los atacantes. Al ver que no cedían, cruzó sus manos en el aire—. ¡Tormenta de Brasas!
Un remolino de viento huracanado envolvió a los mercenarios, y acto seguido, hilos de fuego carmesí se entrelazaron en el aire, creando un torbellino de chispas ardientes que desarmó a los hombres y los dejó rodeados por un muro de llamas que no quemaba la hierba, pero derretía el acero de sus armas.
Los mercenarios, aterrorizados ante tal despliegue de poder de una "simple elfa de nivel 1", huyeron despavoridos hacia la oscuridad del bosque.
El silencio volvió al campamento, solo interrumpido por el crepitar de las últimas chispas mágicas. Elara aterrizó suavemente, alisándose el vestido blanco y acomodándose el sombrero, que milagrosamente no se había caído.
Los miembros de la caravana la miraban en un estado de shock absoluto. El capitán de la guardia se acercó lentamente, con una mezcla de pavor y una admiración que ahora rozaba la adoración.
—Señorita Elara... —susurró el capitán—. No solo sois la dama más bella que ha pisado este camino... sois una Gran Maga. Nos habéis salvado a todos.
(Voz interior de Paco): «¡Madre mía! ¡Eso fue increíble! Me sentí como en un episodio de anime, pero mucho mejor. El viento, el fuego... y mis manos ni siquiera se ensuciaron. Creo que voy a disfrutar mucho de ser Elara».
Las mujeres de la caravana corrieron a abrazarla, revisando que no tuviera ni un rasguño en su piel de porcelana, mientras Elara, volviendo a su personalidad de "chica vaquera" tierna, sonreía con humildad.
—Solo quería que todos estuviéramos a salvo —dijo con timidez, mientras el lunar en forma de estrella brillaba por última vez bajo la luna—. Odio las peleas, pero nadie toca a mis amigos.
Capítulo 8: La Entrada en la Ciudad de los Tres Robles
Tras el incidente con los mercenarios, el viaje continuó con una calma reverencial. Al mediodía del tercer día, las enormes puertas de piedra blanca de la Ciudad de los Tres Robles se alzaron ante ellos. La ciudad era una joya de la arquitectura humana: techos de teja azul, balcones llenos de flores y tres robles colosales que superaban en altura a las torres más altas de la ciudad, situados en el centro de la plaza principal.
Al cruzar el umbral de la muralla, el murmullo habitual de los mercados y los artesanos se fue apagando. Uno a uno, los ciudadanos se detenían. Una elfa de cabello plateado, vestida con un vestido blanco impecable que parecía repeler el polvo del camino, y un sombrero que apenas ocultaba una mirada esmeralda y un lunar de estrella, no era algo que se viera todos los días.
(Voz interior de Paco): «Siento que todos me miran como si fuera un desfile de moda de un solo integrante. Es increíble... en mi otra vida pasaba desapercibido, un número más en el censo. Aquí... aquí soy Elara. Puedo sentir su asombro, y por primera vez, no me hace querer esconderme. Me hace querer caminar más derecha».
Elara caminaba al lado del carromato principal, manteniendo ese aire de "chica de campo" que había adoptado, saludando con una pequeña inclinación de cabeza a los niños que la miraban con la boca abierta.
El líder de la caravana, el viejo comerciante, se acercó a ella con cierta timidez mientras se adentraban en el barrio de los gremios.
—Señorita Elara... nosotros solemos hospedarnos en "El Roble Durmiente". Es una posada limpia y segura, pero... —miró su vestido blanco y sus zapatillas de tacón— temo que sea demasiado humilde para alguien de su distinción. Seguramente preferiría la zona alta, donde están los palacetes de los magos.
Elara se detuvo y le puso una mano delicada en el brazo, dándole una de sus sonrisas más cálidas, esa que desarmaba a cualquiera.
—¿Humilde? Para nada —dijo con su voz de cristal—. Ustedes me cuidaron cuando no tenía nada más que una túnica vieja. Si el lugar es bueno para mis amigos, es más que suficiente para mí. Además... —añadió con una pequeña risita traviesa—, todavía no estoy lista para dejar de convivir con todos ustedes. Me siento en casa.
Las mujeres de la caravana soltaron un suspiro de alivio y alegría. Para ellas, que Elara eligiera quedarse a su nivel era el gesto de nobleza más grande que habían visto.
La Posada "El Roble Durmiente"
Al llegar a la posada, una construcción robusta de madera y piedra con olor a pan recién horneado y cerveza de malta, el posadero casi deja caer una bandeja de jarras al ver entrar a Elara.
—¡Una habitación para la señorita! —anunció el capitán de la guardia con orgullo—. La mejor que tengas, y que sea digna de una heroína.
Elara subió las escaleras hacia su cuarto, sintiendo el cansancio del viaje pero emocionada por lo que vendría. Antes de cerrar la puerta, se volvió hacia sus compañeros de viaje.
—Mañana iré al mercado. Quiero conocer la ciudad y... quizás buscar algo de ropa nueva. ¿Me acompañarán algunas de ustedes?
(Voz interior de Paco): «Mañana empieza la fase 2. Elara necesita un guardarropa de aventura. Algo que mezcle lo sexy de una cow-girl con la elegancia de una elfa. Y luego... el Gremio de Aventureros».
Capítulo 9: El Mercado de las Maravillas y el Espejo de los Sueños
Al día siguiente, el sol de la mañana iluminaba la Ciudad de los Tres Robles. Elara bajó las escaleras de "El Roble Durmiente" luciendo su vestido blanco, las zapatillas de tacón y el sombrero, una imagen que ya se estaba volviendo familiar y reverenciada en la posada.
Tres de las mujeres de la caravana —Martha, la mayor, y dos jóvenes, Elissa y Kael— la esperaban con los ojos chispeantes.
(Voz interior de Paco): «¡Hoy es el día! Llevo 58 años esperando este momento. No más mirar vitrinas con nostalgia. Hoy voy a vestirme como la reina que siempre supe que había en mí. Y esas chicas... parecen más emocionadas que yo. Me encanta que sean mis cómplices».
Se dirigieron al Gran Mercado del Distrito Central. El bullicio era ensordecedor: gritos de mercaderes, olores a especias exóticas, cuero curtido y flores frescas. Al pasar Elara, el mismo efecto de la víspera se repetía: el silencio la seguía como una sombra, y las miradas de admiración se clavaban en ella. Pero ella, adoptando esa personalidad cálida de "chica de campo" que había decidido ser, sonreía a todos, desarmándolos con su carisma.
La Boutique de la Alta Elfa
Tras pasar por varios puestos de ropa común, Martha la guio hacia una calle lateral más tranquila.
—Señorita Elara, si busca algo que se adapte a su... porte... este es el lugar. Es "La Boutique de la Alta Elfa", la dueña es una mestiza de su raza que trae telas de los reinos élficos.
Al entrar, el ambiente cambió. El olor a sándalo y seda llenaba el aire. La dueña, una mujer de orejas ligeramente puntiagudas y mirada afilada, se quedó sin aliento al ver a Elara.
—Por los ancestros... —susurró—. Nunca pensé ver a una de sangre pura tan hermosa en esta ciudad humana. ¿Qué puedo ofrecerle a una Dama de las Estrellas?
Elara sonrió, sintiendo una conexión instantánea.
—Busco algo que me permita viajar... algo elegante, pero que no sea una armadura pesada. Algo que me haga sentir... yo misma. Me gustan los diseños fluidos, los encajes... y que resalten mi figura sin perder la clase.
(Voz interior de Paco): «¡Toma nota, Paco! "Diseños fluidos", "encajes"... ¡Qué bien suena! Tengo oro de sobra, así que voy a pedirlo todo».
El Desfile de la Fantasía
Las mujeres de la caravana se sentaron en unos sillones de terciopelo mientras Elara entraba en el probador. La dueña empezó a sacar piezas que parecían tejidas por hadas.
El Primer Atuendo (Estilo Emilia, Re:Zero): Elara salió luciendo un conjunto de dos piezas. Una chaqueta-capa de seda blanca con bordados de hilo de plata que formaban runas élficas, de cuello alto y mangas largas. Debajo, un corpiño ajustado de satén blanco que realzaba su busto y su cintura de avispa, dejando una pequeña franja de piel al descubierto en el abdomen. La falda era corta por delante, revelando sus muslos de porcelana, y larga por detrás, cayendo en ondas hasta el suelo.
(Voz interior de Paco): «¡Oh... por... Dios! Me veo... soy una santa y una tentación al mismo tiempo. Esa abertura en la pierna... el cuello alto... Me siento tan poderosa, tan sexy... ¡y tan elfa! Este se queda».
Kael y Elissa soltaron un gritito de emoción. Martha solo asintió, con lágrimas de orgullo en los ojos.
El Segundo Atuendo (Estilo Marie/Marielle, Welcome to Japan ms Elf / Log Horizon): Este era más enfocado en la fantasía pura. Un vestido de una pieza en un tono azul zafiro profundo, hecho de una tela que parecía cambiar de color con la luz, como el plumaje de un pavo real. El escote era cuadrado, adornado con encaje blanco, resaltando su cuello y hombros. Las mangas eran anchas y fluidas, de estilo medieval. Tenía una abertura lateral que llegaba hasta la mitad del muslo, y la espalda era baja, mostrando la línea perfecta de su columna.
Al verse en el espejo, Elara se tocó el lunar en forma de estrella bajo el ojo. El contraste del azul zafiro con su cabello plateado y su piel clara era sencillamente devastador.
(Voz interior de Paco): «Este... este es el vestido para una cena con un rey o para lanzar el hechizo más poderoso. Me hace sentir... etérea. Elegancia pura. ¡También me lo llevo!».
Los Accesorios Finales: Elara compró ambos conjuntos. Para el primer atuendo, eligió unas botas de cuero blanco de caña alta que llegaban por encima de la rodilla, con tacones de metal plateado finos pero resistentes, perfectos para una aventurera que no quiere perder la clase. Para el segundo, unas sandalias de tacón con tiras de seda azul que se enlazaban alrededor de sus tobillos. Además, un cinturón de metal con gemas engarzadas y un pequeño bolso de muslo para guardar su Bolso Mágico y otros objetos.
Al pagar con un puñado de monedas de oro, la dueña le hizo una reverencia profunda.
—Es un honor, Dama Elara. Ha nacido para llevar estas ropas.
Elara salió de la tienda con varias cajas mágicamente comprimidas en su bolso de muslo, luciendo el primer atuendo (el estilo Emilia) y las botas de caña alta. Caminaba con una seguridad renovada, sintiendo el roce de la seda contra su piel y el sonido rítmico de sus nuevos tacones de metal contra el pavimento.
(Voz interior de Paco): «Ahora sí. Estoy vestida para la acción. Me siento una chica sexy, elegante y peligrosa. Gremio de Aventureros... allá vamos».
Capítulo 10: El Registro y el Primer Desafío
Elara caminó hacia el imponente edificio del Gremio de Aventureros. Su nuevo atuendo estilo Emilia —esa mezcla de seda blanca, encajes y las botas de caña alta con tacón plateado— atraía todas las miradas. El contraste entre su apariencia de alta nobleza y el entorno rústico de los aventureros era fascinante.
(Voz interior de Paco): «Vale, Elara. Cabeza alta. No dejes que los nervios te traicionen. Eres Nivel 1 Avanzado. Casi Nivel 2. Tienes el poder de un huracán en las puntas de los dedos, aunque todavía me tiemblen un poco las piernas con estos tacones».
Al entrar, el ruido de jarras de metal y risas estruendosas se detuvo en seco. Los aventureros, hombres y mujeres curtidos en mil batallas, se quedaron de piedra. El carisma de Elara (80%) hizo efecto inmediato: en lugar de burlas, hubo un murmullo de respeto y curiosidad.
Se acercó a la barra de recepción, donde una joven de anteojos la miró fijamente.
—Deseo registrarme como aventurera —dijo Elara con su voz de arpa.
Tras poner su mano sobre un cristal de registro, los datos fluyeron. La recepcionista parpadeó confundida.
—Nombre: Elara. Raza: Elfa. Nivel: 1 (Avanzado)... Señorita, con todo respeto, su reserva de maná es... inusual para su nivel. Es muy densa. Pero las normas son las normas: solo puede tomar misiones de rango F o E.
Elara asintió con una sonrisa dulce, la típica de "chica de campo" que no quiere problemas.
—Me parece perfecto. No tengo prisa. Solo quiero ayudar y aprender.
Tomó un pergamino del tablón de anuncios: "Limpieza de Slimes en los Huertos del Sur". Una misión sencilla, perfecta para no llamar demasiado la atención... o eso creía ella.
El Encuentro en el Huerto
Caminó hacia las afueras de la ciudad, disfrutando de cómo su falda blanca ondeaba con la brisa. Al llegar a los huertos, divisó a sus objetivos: tres Slimes Verdes, masas gelatinosas del tamaño de un perro mediano que devoraban las hortalizas.
(Voz interior de Paco): «Bien, son solo slimes. En los animes son fáciles, pero aquí se ven... bastante pegajosos. No quiero que me manchen el vestido nuevo. Vamos a probar algo suave».
Elara extendió su mano. Recordó el consejo de Índigo: la magia es intención. Como ahora era Nivel 1 Avanzado, sintió que el flujo de energía era más dócil.
—Bala de Viento —susurró.
Debido a su crecimiento X5, lo que debería haber sido un pequeño soplo de aire salió disparado como un proyectil de aire comprimido. El primer slime explotó en mil pedazos de gelatina.
—¡Oh! —exclamó Elara, tapándose la boca con sorpresa—. ¡Eso fue demasiado fuerte!
De pronto, un gruñido gutural provino de unos arbustos cercanos. No era un slime. Un Goblin explorador, atraído por el ruido, saltó con una pequeña daga oxidada. Elara se asustó; era la primera vez que un monstruo con rostro la atacaba directamente.
Su instinto de defensa se activó. Retrocedió un paso, el tacón de su bota blanca se hundió con firmeza en la tierra y sus ojos verdes brillaron.
—¡Llama Pequeña! —gritó, intentando contenerse.
Pero su magia no sabía de contenciones. Una esfera de fuego del tamaño de una pelota de playa salió de su palma, envolviendo al Goblin en un fogonazo de luz sagrada que lo desintegró antes de que pudiera tocarla.
Elara se quedó sola en el huerto, respirando agitada, con una pequeña gota de sudor corriendo por su sien, justo al lado de su lunar de estrella.
[ AVISO DEL SISTEMA ]
Combate finalizado.
Experiencia ganada: 150 EXP (Bonificación X5 aplicada).
¡NIVEL ALCANZADO: 2!
Nueva habilidad desbloqueada: Escudo de Brisa (Defensa automática).
(Voz interior de Paco): «¿Nivel 2 ya? ¡Apenas he hecho nada! Si sigo así, voy a ser una archimaga antes de que termine la semana. Pero... qué bien se siente. Me veo bien, peleo bien y... sigo teniendo el vestido impecable».
Recogió los núcleos de los slimes con una ramita (para no ensuciarse las manos de porcelana) y los guardó en un frasco, lista para volver al Gremio y cobrar su primera recompensa.
Capítulo 11: El Brillo del Ascenso y las Miradas de los Poderosos
Elara regresó al Gremio con un caminar rítmico, el sonido de sus tacones plateados sobre el suelo de piedra anunciando su llegada. En su mano llevaba una pequeña bolsa con los núcleos de los slimes y el reporte del huerto.
(Voz interior de Paco): «Vale, Elara, actúa normal. Solo fue una misión de limpieza. Nada del otro mundo... aunque ese fuego salió un poco más fuerte de lo que esperaba. No quiero que piensen que soy una presumida».
Se acercó a la barra de recepción. La joven de anteojos, llamada Lira, levantó la vista de sus papeles y, al ver a Elara, su expresión cambió de cansancio a una sorpresa total.
—¿Señorita Elara? ¿Ya regresó? Apenas ha pasado una hora... —dijo Lira, tomando la placa de identificación que Elara le extendía.
En cuanto la placa tocó el cristal de registro del mostrador, una luz azul intensa iluminó todo el vestíbulo. Un sonido metálico, como el de un engranaje encajando, resonó en el silencio que se produjo de inmediato.
—¿Qué...? —Lira ajustó sus anteojos, incrédula—. Los registros dicen que... ¡ha subido al Nivel 2! Y su afinidad con el viento y el fuego ha saltado tres rangos de maestría. ¡Es imposible en una sola misión de rango F!
Elara se sonrojó, jugueteando con un mechón de su cabello plateado y bajando un poco el ala de su sombrero.
—Bueno... supongo que tuve suerte. Los slimes eran... muy cooperativos —respondió con esa voz de "chica de campo" ingenua y dulce.
El carisma de Elara inundó la sala. Los aventureros novatos y los guardias de la entrada sonreían con embobamiento, sintiendo una necesidad instintiva de celebrar su éxito. Pero en un rincón sombrío de la taberna del gremio, la atmósfera era distinta.
El Círculo de los Inmunes
Sentados en una mesa apartada, dos figuras no sonreían.
Uno era un hombre de mediana edad con una cicatriz que cruzaba su ojo izquierdo, vestido con una armadura de escamas de dragón que irradiaba un aura de pesadez. La otra era una mujer de cabello negro corto, con túnicas de un violeta tan oscuro que parecían absorber la luz, y un báculo de hueso de ancestro apoyado en la pared.
Eran aventureros de Rango S. Para ellos, el aura de carisma de Elara era como una brisa suave: la sentían, les resultaba agradable, pero su voluntad era de acero y sus sentidos mágicos les decían que algo "no encajaba".
—Esa chica... —susurró la maga de violeta—. Su carisma es antinatural. Es como si el mundo quisiera que la amáramos.
—No es solo eso —respondió el guerrero con voz ronca—. Mira cómo se mueve. Tiene la elegancia de una reina elfa, la fuerza de un vendaval, pero la mirada... tiene la mirada de alguien que está descubriendo el mundo por primera vez. Es peligrosa, Lyra. No por maldad, sino por puro potencial descontrolado.
Elara sintió un escalofrío. Por primera vez desde que llegó a este mundo, sintió miradas que no eran de adoración simple. Giró la cabeza sutilmente y conectó un segundo con los ojos de la maga. El lunar en forma de estrella bajo su ojo izquierdo brilló con un matiz plateado.
(Voz interior de Paco): «Esos dos... no están sonriendo como los demás. Me miran como si fuera un problema de matemáticas que no pueden resolver. Siento un peso en el aire cerca de ellos. Son... poderosos. Muy poderosos. Mejor me voy antes de que decidan hacerme preguntas que no sé responder».
Lira le entregó su recompensa (unas cuantas monedas de plata que Elara guardó con orgullo en su bolso de muslo) y su nueva placa de Nivel 2.
—Felicidades, Elara —dijo Lira, aún en shock—. Pero tenga cuidado. Subir tan rápido atrae miradas... y no todas son tan amables como las nuestras.
—Gracias, Lira. Lo tendré en cuenta —respondió Elara con una reverencia elegante antes de salir del Gremio, sintiendo la mirada de la maga violeta clavada en su espalda hasta que cruzó la puerta.
Capítulo 12: Brindis por los Caminos que se Separan
La posada "El Roble Durmiente" estaba más animada que de costumbre. Elara, con su vestido blanco de seda y su aura de Nivel 2 recién estrenada, había alquilado la mesa más grande. Sobre ella, fuentes de jabalí asado, hogazas de pan caliente, quesos de la región y jarras de sidra dorada creaban un festín digno de héroes.
(Voz interior de Paco): «Nunca me sentí tan vivo. En mi otra vida, las cenas eran frente a una pantalla, solo. Ahora... miren a Martha, a Lise, al Capitán. Me miran con un cariño que no puedo procesar. Soy Elara, sí, pero ellos me aceptaron cuando aún no sabía ni cómo caminar con estos tacones».
—¡Por Elara! —exclamó el Capitán de la guardia, alzando su jarra—. ¡La maga más hermosa y valiente que ha pisado estos caminos! ¡Que los dioses la guíen siempre!
—¡Por Elara! —corearon todos, haciendo chocar el metal y la madera.
Elara rió, un sonido que cortó el bullicio como una melodía de flauta. Tomó un sorbo de su sidra y, de repente, sintió un ligero mareo.
(Voz interior de Paco): «¡Cuidado, Paco! Este cuerpo de elfa es... delicado. Tres sorbos y ya siento que el lunar de mi ojo está bailando. Tengo que mantenerme firme para lo que viene».
Conforme la noche avanzaba y el fuego de la chimenea se consumía, el tono de la charla cambió. El líder de la caravana puso una mano nudosa sobre la de Elara.
—Mañana partimos al alba hacia el Norte, pequeña —dijo con voz ronca—. Sé que tienes un destino más grande que cuidar carromatos de especias. El Gremio ya ha puesto los ojos en ti, y esta ciudad se te quedará pequeña pronto.
El silencio cayó sobre la mesa. Lise, la joven que quería ser su amiga, le apretó la otra mano.
—Te vamos a extrañar, Elara. ¿Quién nos va a hacer reír con sus historias extrañas sobre "otros mundos" o nos va a proteger con sus luces de colores?
Elara sintió un nudo en la garganta. Sus ojos esmeralda se humedecieron, haciendo que las pequeñas pecas de su nariz resaltaran bajo la luz de las velas. Se puso en pie, haciendo que su falda blanca cayera con elegancia hasta sus botas.
—Ustedes no solo me salvaron del bosque —dijo con voz suave y trémula—. Me dieron un nombre y una razón para sonreír cuando más perdida estaba. Mañana nuestros caminos se separan, pero les prometo algo... —se tocó el lunar en forma de estrella— si alguna vez necesitan ayuda, si alguna vez el camino se pone oscuro, busquen a la Elfa de Plata. Iré por ustedes a donde sea.
Hubo abrazos, algunos sollozos de las mujeres y apretones de manos firmes de los hombres. Paco, en el fondo de su alma, lloraba de felicidad: finalmente tenía una familia, aunque fuera por un breve tiempo.
El Alba de la Soledad
A la mañana siguiente, Elara se paró en la puerta de la posada mientras veía a los carromatos alejarse por el camino del Norte. El sol apenas salía, tiñendo su cabello plateado de tonos rosados. Agitó su mano hasta que el último guardia desapareció tras la colina.
Ahora estaba sola en la Ciudad de los Tres Robles. Una elfa de 121 años, Nivel 2, con un bolso lleno de oro y un mundo por descubrir.
(Voz interior de Paco): «Se fueron. Se siente... vacío. Pero tengo que moverme. La maga de violeta me está observando, el Gremio espera resultados y yo... yo quiero ver qué tan lejos pueden llegar estos tacones. Vamos, Elara. Tienes una vida que vivir».
Se ajustó el sombrero de ala ancha, se alisó el corpiño de su vestido y, con un suspiro decidido, se giró hacia el centro de la ciudad.
Capítulo 13: El Té de la Hechicera y la Lanza de Acero
Elara caminaba por la plaza central, disfrutando del sonido de sus tacones contra el mármol blanco, cuando una sombra violeta se proyectó frente a ella. Al levantar la vista, se encontró con la maga del Gremio. De cerca, su presencia era imponente: exhalaba un aroma a ozono y pergamino antiguo.
—La pequeña elfa de las luces —dijo la mujer con una sonrisa enigmática—. Soy Amatista, de la orden de los Tejedores de Sombras. ¿Tendrías un momento para compartir un té con una colega herida?
Elara no pudo negarse. El carisma de Amatista, aunque diferente al suyo, era magnético. Se sentaron en una terraza elegante que dominaba la plaza de los Tres Robles.
—Me has llamado mucho la atención, Elara —comenzó Amatista, mientras el vapor del té de hierbas danzaba entre ambas—. He visto a muchos elfos en mis años de aventurera de Rango S, pero tú... hay algo en ti. Es como si los dioses mismos caminaran a tu lado, como si el destino se doblara para que todo te salga bien.
(Voz interior de Paco): «¡Cuidado! Esta mujer es más lista que un hambre. Cara de póker, Paco... digo, Elara. No parpadees demasiado, no digas nada de los isekais, ni de Índigo, ni de que hace tres días era un señor de 58 años».
Elara mantuvo su rostro sereno, con esa expresión dulce y un poco ingenua de "chica de campo" que había perfeccionado. Bebió un sorbo de té con una elegancia que parecía innata, dejando que el lunar de estrella bajo su ojo captara la luz del sol.
—Solo soy una viajera con suerte, señorita Amatista —respondió con su voz de cristal—. El mundo es generoso con quienes lo recorren con buen corazón.
Amatista soltó una carcajada suave, pero sus ojos violetas seguían analizando cada poro de la piel de Elara.
—Sea lo que sea, me agradas. Y en este negocio, la intuición lo es todo. Verás, no estoy aquí solo por placer. Soy la maga de un grupo de élite llamado "La Lanza de Acero". En nuestra última aventura, una quimera me dio un buen susto y me dejó esta herida en el costado que me obliga a guardar reposo.
Señaló su flanco con un gesto despreocupado.
—Mis compañeros regresarán en una semana. El encargo que fueron a cumplir no es difícil, un simple nido de basiliscos menores, así que volverán a salvo. Me gustaría presentártelos. Un grupo como el nuestro siempre tiene espacio para alguien con tu... "talento especial".
(Voz interior de Paco): «¿Un grupo de Rango S? ¿La Lanza de Acero? Esto es pasar de jugar en la liga local a la Champions en un par de días. Si me aceptan, mi crecimiento x5 se va a disparar. Pero... ¿podré ocultar quién soy ante guerreros tan experimentados?»
—Sería un honor conocer a aventureros tan legendarios —dijo Elara, inclinando la cabeza con modestia—. Aunque no sé si una novata de Nivel 2 como yo esté a la altura de "La Lanza de Acero".
—Oh, querida —replicó Amatista con una chispa de malicia divertida en los ojos—, algo me dice que para cuando ellos vuelvan, ya no serás Nivel 2. Tienes una semana. Aprovecha para entrenar. Si logras impresionarlos, el mundo entero se abrirá para ti.
Al despedirse, Elara sintió que el peso de la responsabilidad aumentaba. Ya no era solo una elfa bonita paseando por la ciudad; ahora estaba en el radar de los mejores.
Este entrenamiento solitario es el momento en que Francisco termina de asimilar que su nuevo cuerpo no es solo una vasija estética, sino un motor de poder bruto. Internarse en el bosque le permite dejar de fingir ser una "chica tontita" por un momento y rugir con todo su potencial.
Aquí tienes el desarrollo de su semana de poder:
Capítulo 14: El Despertar de los Elementos y el Aura Carmesí
Elara se alejó varios kilómetros de la ciudad, buscando un valle escondido entre formaciones rocosas donde el estruendo de su magia no alertara a los guardias. Se quitó el sombrero de ala ancha, dejando que su cabello plateado brillara bajo el sol filtrado por las copas de los árboles.
(Voz interior de Paco): «Muy bien, Elara. Amatista me tiene en la mira. La Lanza de Acero viene en camino. Si quiero estar a su lado, no puedo ser solo una cara bonita con suerte. Tengo que ser un arma».
El Dominio del Viento y el Fuego (Crecimiento X5)
Comenzó con lo que ya conocía. Extendió sus manos y, con un simple pensamiento, el aire a su alrededor empezó a girar con una violencia inaudita. Pero esta vez no lo lanzó. Intentó contenerlo.
—¡Escudo Ígneo! —exclamó.
Debido a su crecimiento acelerado, el resultado fue aterradoramente perfecto. Un remolino de viento translúcido la envolvió, y acto seguido, lenguas de fuego carmesí se entrelazaron en la corriente de aire. Elara quedó encerrada en una cúpula de plasma giratorio que incineraba cualquier rama o piedra que ella misma lanzaba para probarlo. Era intocable. El calor era inmenso, pero ella, en el centro, sentía una calidez acogedora.
El Misterio de los Otros Elementos
Luego intentó con el resto. Trató de invocar agua de la humedad del ambiente, de levantar pilares de tierra o de manipular las sombras de las rocas.
[ INFORME DEL SISTEMA ]
Afinidad Primaria (Viento/Fuego): Nivel Máximo de Progresión.
Afinidades Secundarias (Agua/Tierra/Luz/Oscuridad): Crecimiento Estándar.
Nota: Tu naturaleza élfica y tu temperamento actual vibran más alto con los elementos activos. Los elementos pasivos requieren mayor meditación.
(Voz interior de Paco): «Entiendo... el agua y la tierra se sienten pesados, lentos. Mi espíritu ahora es como el fuego: libre, brillante y un poco caótico. Quizás es porque por fin me siento libre de las cadenas de mi vida anterior».
El Milagro de la Sanación
Al final del tercer día, mientras practicaba movimientos ágiles con sus botas de tacón sobre el terreno irregular, Elara tropezó y se hizo un pequeño corte en la palma de la mano con una piedra afilada. El dolor fue agudo, pero antes de que pudiera buscar una venda, sintió un pulso cálido en su pecho.
Sin pensarlo, puso su otra mano sobre la herida. Una luz blanca, suave como la luna, emanó de sus dedos.
—Curar... —susurró instintivamente.
La piel de porcelana se cerró en segundos, sin dejar rastro de la herida, ni siquiera una cicatriz. Solo quedaron sus pecas doradas intactas.
[ AVISO DEL SISTEMA ]
Habilidad Desbloqueada: Luz de Elara (Magia Sanadora de Rango B).
Efecto: Cura heridas físicas y elimina fatiga menor.
¡NIVEL ALCANZADO: 3! (Progreso: 45%).
Elara se sentó en una roca, exhausta pero radiante. Se miró en el reflejo de un pequeño charco que ella misma había creado con magia de agua. Su lunar de estrella bajo el ojo izquierdo parecía vibrar con cada latido de su corazón.
(Voz interior de Paco): «Nivel 3. Escudo de fuego. Y ahora puedo sanar. Si la Lanza de Acero busca a una maga, les voy a dar a la mejor maga que este mundo haya visto jamás».
Capítulo 15: La Dama del Zafiro y el Peso del Sueño
Tras una semana de comunión con los elementos en el bosque, Elara decidió que su entrada en la ciudad debía ser una declaración de intenciones. Se despojó del traje blanco de viaje y, con la ayuda de su magia de agua para refrescarse y su magia de viento para secar su cabello plateado, se vistió con el estilo Marie.
El vestido azul zafiro profundo se ajustaba a su cuerpo como una segunda piel de seda. El escote cuadrado resaltaba la línea de sus clavículas y el brillo de su piel de porcelana, mientras que la abertura lateral permitía que, al caminar, se vislumbrara su pierna perfecta y las sandalias de tacón azul que estilizaban aún más su figura.
(Voz interior de Paco): «Mírate, Paco... no, mírame, Elara. Este color... es como el cielo antes de que anochezca. Siento el peso de la seda, el frío del metal del cinturón en mi cintura... Es real. Cada vez que el tacón golpea el suelo, me recuerdo a mí mismo que no estoy durmiendo en mi viejo departamento. Soy esta mujer. Y Dios, qué bien se siente ser ella».
El Desfile Involuntario
Cuando Elara cruzó las puertas de la ciudad, el efecto fue inmediato y devastador. Si con el vestido blanco parecía una noble, con el azul zafiro parecía una deidad encarnada.
Los mercaderes soltaron sus balanzas, los caballeros detuvieron sus caballos y un silencio sepulcral barrió la plaza principal. El 80% de la población cayó bajo el influjo de su carisma: algunos se quitaban el sombrero con una reverencia profunda, otros simplemente se quedaban paralizados, incapaces de apartar la vista de esa visión plateada y azul. Incluso hubo quienes, conmovidos por su belleza mística y el lunar en forma de estrella que brillaba bajo el sol, hicieron una señal de oración, como si estuvieran ante una santa.
Los aventureros veteranos, aquellos que solían ser arrogantes, se hicieron a un lado para dejarla pasar, intimidados por la mezcla de elegancia suprema y el aura de poder (Nivel 3) que ahora emanaba de ella de forma más controlada.
(Voz interior de Paco): «Es increíble. Me idolatran. Me miran con un respeto que raya en la adoración. Pero no quiero olvidar al viejo Paco. Él es el que disfruta de esto. Él es el que sabe cuánto costó llegar aquí. Ser Elara es mi presente, pero ser Paco es mi raíz. Sin él, esta belleza no tendría sentido».
El Reencuentro con Amatista
Elara se dirigió directamente a la terraza donde se había citado con la Maga de Violeta. Amatista ya estaba allí, pero al ver aparecer a Elara, incluso ella tuvo que parpadear varias veces para asimilar el cambio. La maga de Rango S dejó su copa de vino sobre la mesa, con una expresión de genuino asombro.
—Vaya... —susurró Amatista, recorriendo con la mirada el atuendo azul zafiro—. Sabía que eras especial, Elara, pero esto... esto es una provocación a los dioses. Has cambiado. Tu flujo de maná es más estable, más denso. Has estado entrenando duro, ¿verdad?
Elara se sentó con una elegancia que hizo que la falda azul cayera en pliegues perfectos alrededor de la silla. Sonrió con esa calidez que tanto la caracterizaba, aunque ahora con un toque más de seguridad.
—He aprendido un par de trucos nuevos —dijo con su voz musical—. Y he comprendido que, si voy a caminar por este mundo, debo hacerlo con la cabeza en alto.
Amatista asintió, impresionada. Justo en ese momento, un sonido de metales y pasos rítmicos se escuchó desde la calle principal. Una unidad de aventureros, con armaduras abolladas y capas desgarradas por la batalla, pero con un aire de triunfo innegable, se acercaba a la plaza.
—Ahí están —dijo Amatista, poniéndose en pie con dificultad debido a su herida—. "La Lanza de Acero" ha vuelto. Prepárate, Elara. Tu vida está a punto de volverse mucho más interesante.
Capítulo 16: El Juicio de la Lanza y el Milagro de Plata
El estruendo de metal y cuero curtido anunció la llegada de "La Lanza de Acero". Cuatro figuras imponentes se abrieron paso por la plaza, su aura de Rango S dispersando a la multitud. Pero al llegar a la terraza donde esperaban Amatista y Elara, se detuvieron en seco.
El contraste era devastador. Frente a los guerreros cubiertos de polvo y sangre de basilisco, estaba Elara, una visión de seda azul zafiro y cabello plateado, sentada con una elegancia que intimidaba incluso a los más curtidos.
El líder del grupo, un gigante acorazado llamado Vorn, dio un paso al frente. Su armadura de placas estaba abollada, y su brazo izquierdo colgaba inútil, empapado en una sangre oscura que resistía el efecto de las pociones de curación que colgaban de su cinturón.
—Amatista... —gruñó Vorn con voz ronca, su rostro contraído por el dolor—. El basilisco... su veneno... las pociones no funcionan. Necesitamos un clérigo de alto nivel, y rápido.
El Milagro de la Dama del Zafiro
Antes de que Amatista pudiera responder, Elara se puso en pie. El roce de su falda de seda azul contra la silla sonó como un susurro en el silencio de la plaza. Se acercó a Vorn, su figura delicada pareciendo diminuta frente al gigante, pero su presencia emanaba una seguridad que desarmaba.
—Permítame —dijo Elara, con su voz de arpa celestial.
Ignorando el rastro de sangre en la armadura, puso su mano de porcelana directamente sobre la herida expuesta. Cerró los ojos verdes y concentró su maná, evocando la calidez que había descubierto en el bosque.
—¡Luz de Elara! —exclamó.
Una explosión de luz blanca y pura, suave como la luna pero intensa como el sol, emanó de sus dedos. El veneno negro burbujeó y se evaporó en un humo blanco, y la carne desgarrada se cerró en segundos, sin dejar cicatriz.
Vorn soltó un suspiro ahogado, moviendo su brazo sanado con incredulidad. El grupo entero se quedó petrificado. Usar magia sanadora de Nivel B sin un báculo o símbolos sagrados, y con esa facilidad, era algo que solo los sumos sacerdotes lograban.
(Voz interior de Paco): «¡Toma ya! ¡Nivel 3 y Magia Sanadora B! Funciona. La cara que han puesto todos... es impagable. Amatista está sonriendo, pero el resto... me miran como si fuera una aparición. Me siento... útil. Me siento poderosa».
El Juicio del Elfo
Mientras Vorn agradecía a Elara con una reverencia profunda, otra figura se separó del grupo. Era un elfo de cabello oscuro y ojos fríos, llamado Caelum. A diferencia de los humanos, el carisma de Elara (80%) solo despertaba su sospecha. Caelum sentía que la belleza y la pureza de Elara eran "demasiado perfectas", casi artificiales.
Se acercó a ella, clavando su mirada en el lunar en forma de estrella bajo su ojo.
—Una sanadora talentosa... y una belleza que eclipsa a las estrellas —dijo Caelum en la lengua común, pero su tono era gélido. Luego, cambió a un dialecto que solo los elfos más antiguos conocían—: «¿De qué linaje provienes, "Dama del Zafiro"? Tus rasgos son puros, pero tu aroma es... extraño. Como el de alguien que acaba de nacer al mundo».
(Voz interior de Paco): «¡Mierda! ¡Me está hablando en élfico antiguo! Gracias a mi pasiva de Omnilingüismo, lo entiendo. Quiere ponerme a prueba. Piensa que soy una impostora o una súcubo. Tengo que responderle en su mismo tono».
Elara no parpadeó. Mantuvo su sonrisa dulce de "chica de campo", pero sus ojos esmeralda brillaron con una luz ancestral. Respondió en el mismo dialecto, con una pronunciación perfecta:
—«Mi linaje es el de las Estrellas y el Viento, Caelum del Clan de la Sombra. Mi aroma es el de la libertad, pues he decidido caminar por el mundo en lugar de esconderme en los bosques antiguos. Mi belleza es un don, no una máscara».
Caelum retrocedió un paso, sorprendido. La respuesta fue perfecta, respetuosa pero firme. Sus ojos se entrecerraron, pero la sospecha se transformó en un renuente respeto.
La Propuesta del Calabozo
Vorn, tras recuperar el aliento y ver la interacción entre Caelum y Elara, se dirigió a la elfa con una nueva determinación.
—Señorita Elara... nos ha salvado la vida y ha impresionado a nuestro miembro más difícil. Amatista nos ha hablado de usted, y tras ver su magia sanadora y su porte, no tenemos dudas.
El líder de la Lanza de Acero le tendió su mano sanada.
—En tres días, nos dirigimos a un calabozo de Rango B recién descubierto, "La Cripta del Lamento". Necesitamos una maga de apoyo con su talento. Es una misión peligrosa, pero le pagaremos bien y nos encargaremos de su seguridad. Es la oportunidad perfecta para ver cómo se desenvuelve con compañeros. ¿Acepta la oferta?
(Voz interior de Paco): «¿Rango B? ¡La Cripta del Lamento! Suena a problemas serios. Pero... es la oportunidad que Paco siempre quiso. Magia, calabozo, un grupo de élite... y yo soy la chica sexy y poderosa que todos necesitan. ¿Cómo voy a decir que no?»
Elara aceptó la mano de Vorn, su sonrisa brillando bajo el sol.
—Será un honor acompañarlos, capitán. Estoy lista para ver qué tan lejos podemos llegar juntos.
Capítulo 17: Acero, Estrategia y Sombras
1. El Inventario: Elegancia Armada Elara regresó al Distrito de Magia. Gastó una pequeña fortuna en el Báculo de la Tempestad Carmesí, una vara de madera de ébano con un cristal de maná puro que flotaba en la punta. Al tocarlo, su Crecimiento X5 hizo que el cristal brillara con un rojo sangre intenso.
(Voz interior de Paco): «Si voy a meterme en una cripta, lo haré con estilo. He encantado mis sandalias de tacón azul con "Paso de Pluma"; ahora puedo caminar sobre cristales rotos sin hacer un solo ruido. Además, compré estas pociones de maná instantáneas... saben a fresa, curiosamente. Me veo divina, pero por dentro soy un tanque de guerra».
2. La Reunión: El Ajedrez de los Mundos En la mesa de roble de la posada, Vorn desplegó el mapa de "La Cripta del Lamento". El grupo discutía formaciones clásicas, pero Elara, recordando sus años de gamer, intervino con suavidad, bajando un poco el ala de su sombrero.
—Capitán Vorn —dijo con su voz de seda—, si el pasillo es estrecho como dice el mapa, Caelum no tendrá ángulo de tiro. ¿Y si usamos una formación de "embudo"? Yo puedo crear un muro de viento en la retaguardia para que nada nos flanquee, mientras ustedes empujan al centro. Y si hay trampas mágicas, mi Magia de Luz puede revelarlas antes de pisarlas.
Vorn y Amatista se miraron, sorprendidos. Era una estrategia de control de masas que no se enseñaba en las academias locales.
(Voz interior de Paco): «Mierda, hablé de más. Paco, cállate, no parezcas un general de Sillicon Valley. Solo eres una elfa linda... sonríe y asiente».
—Bueno... eso leí en un viejo libro de mi aldea —añadió Elara rápidamente, poniendo su "cara de póker" y sonrojándose de forma adorable para disimular su agudeza táctica. El grupo aceptó el plan de inmediato.
3. El Secreto de Caelum: El Juego de las Sombras Antes del atardecer, Caelum la llevó al campo de tiro. El elfo oscuro no quitaba sus ojos de ella.
—Tu técnica es perfecta, Elara. Demasiado. Tu aura no vibra como la de una elfa joven, vibra como algo... antiguo —dijo él, tensando su arco—. Muéstrame cómo disparas.
(Voz interior de Paco): «Este tipo no me suelta. Si disparo como Elara, notará mi falta de práctica física. Tengo que usar el as bajo la manga».
Aprovechando que Caelum se agachó a recoger una flecha, Elara activó su Metamorfosis Limitada. En un parpadeo, su aura cambió drásticamente: ocultó su rastro divino y proyectó la imagen de una elfa silvana común, mucho más "normal" y menos intimidante. Cuando Caelum volvió a mirarla, vio a una chica que falló el tiro por poco y se rió con timidez, rascándose la mejilla sobre su lunar de estrella.
Caelum parpadeó, confundido. El aura de "deidad" que había sentido antes se había esfumado.
—Quizás solo estoy cansado —murmuró el elfo, guardando su arco—. Por un momento pensé que eras algo... diferente.
Capítulo 18: El Lamento de la Cripta y el Destino de Plata
La entrada de "La Cripta del Lamento" tragó la luz del sol. El grupo avanzaba en formación, con Vorn al frente y Elara en el centro, sosteniendo su Báculo de la Tempestad Carmesí. El cristal flotante emitía un latido rojo que iluminaba las paredes de piedra húmeda.
1. La Tormenta de Fuego y el Elogio del Guerrero
De pronto, el techo cobró vida. Docenas de gárgolas de piedra se desprendieron con chirridos metálicos. Vorn alzó su escudo, pero eran demasiadas.
(Voz interior de Paco): «¡Son horribles! Y huelen a polvo y muerte. No dejes que se acerquen, Elara. ¡Si una de esas garras toca este vestido de seda azul, me va a dar algo!»
Elara plantó firmemente sus sandalias de tacón —encantadas con Paso de Pluma— y alzó su báculo. Su Crecimiento X5 rugió.
—¡Ignis Vorago! —gritó.
No fue una bola de fuego; fue un pilar de llamas blancas y rojas que surgió del cristal, barriendo el techo. El calor fue tan intenso que las gárgolas se fundieron en lava antes de tocar el suelo. El silencio que siguió fue absoluto, roto solo por el goteo de la piedra derretida.
Vorn se giró, bajando el escudo, mirándola con una mezcla de adoración y desconcierto. —Señorita Elara... —dijo con voz profunda, acercándose un paso—. ¿Cómo es posible? Una chica tan bella, que parece tan frágil y delicada como una flor de cristal... ¿de dónde saca ese poder destructivo?
(Voz interior de Paco): «"Frágil"... "Bella"... Me lo dijo mirándome a los ojos, con esa voz de hombre de verdad. En mis 58 años, nadie me había dicho algo así. Siento un calor en las mejillas que no es por el hechizo. Es... agradable. Me hace sentir que realmente soy esta mujer que él ve».
2. La Maldición de Sombra y el Error del Calzado
Siguieron avanzando, pero el terreno se volvió agreste, lleno de escombros y grietas. Elara empezó a sufrir.
(Voz interior de Paco): «Maldita sea... Paco, fuiste un tonto. Las sandalias de tacón son divinas para la plaza, pero aquí... cada grieta es una trampa para mis tobillos. Me veo sexy, sí, pero si me tuerzo un pie, de nada servirá el Rango S de mis compañeros».
De repente, una trampa de presión se activó. Unas cadenas de sombra pura brotaron del suelo, envolviendo a Vorn. El guerrero gritó mientras la oscuridad empezaba a drenar su vida. Amatista intentó contraatacar, pero su magia de sombras era inútil contra la oscuridad absoluta.
Elara sabía que el Nivel 3 no bastaba. Debía revelar su verdadera potencia. —¡LUX AETERNA! —invocó Elara.
Una explosión de luz cegadora llenó la cripta. No era una chispa; era como si el sol hubiera nacido dentro de la montaña. Las sombras se disolvieron al instante. El grupo quedó mudo. Ese nivel de magia de luz no era de una novata. Era, al menos, Nivel 5 o superior.
3. La Reliquia de Sangre Pura: El Ojo del Porvenir
Llegaron a la cámara central, donde sobre un pedestal de obsidiana flotaba un brazalete de plata con una gema que parecía una pupila vertical.
—El Ojo de Anariel —susurró Caelum, con los ojos entrecerrados—. Solo una elfa de sangre pura puede tocarlo. Cualquier otro será consumido por el vacío.
El elfo miró a Elara con una intensidad renovada. Era el momento de la verdad. Si fallaba, moriría. Si funcionaba, confirmaría su estatus "divino".
(Voz interior de Paco): «Es ahora o nunca. Si muero, al menos morí siendo la mujer más hermosa de este mundo».
Elara extendió su mano de porcelana. Al tocar el metal frío, la reliquia no la rechazó. Al contrario, se ajustó a su muñeca como si hubiera sido creada para ella. El sistema parpadeó frente a sus ojos:
[ RELIQUIA VINCULADA: OJO DE ANARIEL ]
Efecto Pasivo: Visión Premonitoria (5 segundos).
Nota: Has demostrado pureza de alma y sangre. Tu coordinación física ha aumentado para compensar tu calzado.
En ese instante, el mundo se volvió lento. Elara vio, 5 segundos antes de que ocurriera, cómo una losa del techo caía hacia Caelum. Con una gracia sobrenatural, se movió —incluso con sus tacones— y empujó al elfo justo a tiempo.
Caelum la miró desde el suelo, estupefacto. Ya no había sospecha en sus ojos, solo un respeto que rozaba el temor reverencial.
(Voz interior de Paco): «Puedo ver el futuro... 5 segundos. Es como tener lag en la vida real, pero a mi favor. Ahora, que venga el jefe de este calabozo. Estoy lista... y me veo increíblemente bien con este brazalete».
¿continuará?
Por eso si te interesa contesta las siguientes preguntas:
1.- Comenta lo siguiente:
a) ¿Te gustan las Introspecciones de paco?
b) ¿La historia va por donde tiene que ir?
c) Te gustan los personajes
2.- ¿Cuál es el siguiente paso tras conquistar la Cripta?
La Salida Triunfal: Elara sale de la cripta cargando el tesoro, y la ciudad entera se entera de que ella es la "Elegida de la Sangre Pura", atrayendo la atención del Rey.
El Baile de la Victoria: La Lanza de Acero invita a Elara a una gala formal en la zona alta de la ciudad para celebrar el éxito. Paco tendrá que aprender a bailar como una dama de alta alcurnia.
El Despertar del Villano: El uso de tanta Magia de Luz ha alertado a un Lich poderoso que habita en las profundidades, y este decide que el cuerpo de Elara es el recipiente perfecto para su renacimiento.
Dependiendo de cuantas personas contesten, veré si continuo la historia.























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